jueves, 16 de octubre de 2008

El biólogo desubicado

Es fácil utilizar un símil para describir la vida del biólogo norteamericano Hermann Joseph Muller. Por ejemplo, bastaría con imaginar un edificio en llamas del que huye una multitud de gente. Entre la masa vemos a alguien que, entre codazos y empujones, se abre paso a contracorriente, directamente hacia el fuego. Ese es Joseph Muller. Y no lo haría con la intención de realizar un heroico rescate, no. Probablemente se dirigiría hacía el incendio por error, sin tener ni idea del peligro.

Muller era científico de primera línea que hoy en día es reconocido sobretodo por sus investigaciones sobre mutaciones genéticas. Precisamente fue él quien descubrió, en 1926, que se podían causar mutaciones en los genes de forma artificial mediante rayos-x. En 1946 recibió el premio Nobel de Medicina por este descubrimiento.


Aunque no sea tan conocida como su trabajo, la vida del biólogo norteamericano contiene elementos más que suficientes para que merezca la pena contarla. Y es que Joseph Muller tenía la curiosa habilidad de, en el momento más inoportuno, encaminarse con decisión hacia el lugar mas inapropiado.


Las peripecias de Muller comenzaron unos años después de que realizara su gran descubrimiento y bastante antes de que recibiera el premio Nobel. En los años treinta, como tantos otros judíos, cruzó el océano Atlántico salvando la distancia que había entre Alemania y EE.UU. Con la diferencia de que Muller no realizó el viaje de Este a Oeste, sino al contrario. Muller se traslado a Alemania para trabajar en el laboratorio del genetista soviético Nikolay Timofeeff-Resovskij. En 1933, pocos meses después de la llegada de Muller, el presidente von Hindenburg nombraba canciller de Alemania a Adolf Hitler. Muller era un científico norteamericano, judío, socialista marxista que trabajaba en el laboratorio de un genetista soviético en la Alemania Nazi... Aún así, ignoró las órdenes que prohibían trabajar a los judíos en investigaciones científicas y siguió como si tal cosa hasta que los nazis irrumpieron en el laboratorio destrozándolo.

Por fin, Muller decidió escapar de Alemania. Pero de nuevo lo hizo en dirección contraria a la que huían el resto de judíos. Pensó que, siendo como era socialista convencido, las cosas le irían bien en la Unión Soviética. Se unió al laboratorio de Nikolái Vavilov poco antes de que Lysenko se convirtiera en el favorito de Stalin. Podéis echar un vistazo a una versión más completa de la historia de Lysenko y Valivov aquí pero es suficiente con saber que Lysenko era un timador que se ganó la confianza de Stalin. No tenía la más mínima idea de biología, creía que la teoría de la evolución era un cuento inventado para oprimir al pueblo y que los genes no existían. La investigación biológica desapareció en la URSS. Stalin otorgó plenos poderes a Lysenko y este no permitía que sus teorías fueran puestas en duda. Aquellos científicos que atrevían a cuestionar el lysenkismo eran encarcelados o eliminados. Vavilov fue una de sus primeras víctimas.


Muller parecía ignorar que la policía soviética estaba cazando uno a uno a todos sus colegas. Él seguía con su trabajo y, de vez en cuando, realizaba manifestaciones públicas calificando a Lysenko de impostor y a su trabajo de tonterías. Un tipo que no creía en los genes había organizado una caza de brujas y el científico que había descubierto que esos inexistentes genes se podían mutar artificialmente seguía sus investigaciones tan tranquilo, rodeado de moscas de la fruta.


Muller había metido la cabeza él solito en la guillotina. Ahora tan solo le faltaba tirar de la cuerda. Y lo hizo. Envió una copia de su último libro a Stalin. Se titulaba Out of the Night.


Muller era un ferviente defensor de la reproducción selectiva, que no es más que una forma de eugenesia. Pensaba que la evolución humana podía y, lo que es peor, debía ser dirigida mediante la selección de los individuos a los que permitir la reproducción. En su libro, Muller exponía sus ideas y hacía una entusiasta defensa de la eugenesia. Su propuesta, minuciosamente detallada, consistía en seleccionar los sujetos para que los niños nacidos de sus uniones contaran con las “características de Marx o Lenin” (sic) Con toda su buena voluntad envió Out of the Night a Stalin. Probablemente con una sonrisa y esperando ansioso la respuesta.


La cara de Stalin al leerlo debió ser un poema. Aquel científico extranjero (¡norteamericano!), que desafiaba a su querido Lysenko constantemente, no solo seguía defendiendo la genética... ¡sino que quería usarla para criar humanos! Es difícil imaginar algo que suene más nazi y a eso exactamente le sonó a Stalin.


Un chivatazo salvó la vida de Muller. Tenía un amigo bien posicionado en el Partido que le comunicó que Stalin ya había leído su libro. También le avisó de que la policía se dirigía a su casa. Apenas tenía tiempo así que Muller cogió lo indispensable y escapó de la Unión Soviética. Lo más importante para él era su trabajo y eso es lo que se llevó con él. Consiguió huir con 280 de sus moscas de la fruta.


Tras una breve estancia en España, donde sirvió como brigadista en un banco de sangre, decidió trasladarse a Edimburgo para continuar sus investigaciones. Poco después de su llegada estalló la Segunda Guerra Mundial, siendo Gran Bretaña uno de los países más afectados por la contienda. Los presupuestos para investigaciones científicas fueron desviados a aquellas ramas que pudieran dar frutos en el terreno militar a corto plazo. La genetica no tenía, todavía, ninguna aplicación militar por lo que Muller apenas pudo llevar a cabo trabajo alguno. Pensó que era el momento de un nuevo traslado y de sentar finalmente la cabeza.


Cuando regresó, por fin, a su EEUU, Muller descubrió que ninguna Universidad quería darle trabajo. Sus ideas políticas eran conocidas ya que el FBI lo había investigado por escribir en un periódico izquierdista cuando era universitario. Además, había trabajado para Stalin, para los rusos, y eso era imperdonable. Pasó años realizando trabajos menores hasta que finalmente la Universidad de Indiana le ofreció un puesto como profesor de zoología.


Incluso ya en Norteamérica, Muller, sacó una nueva edición de su libro sobre eugenesia intentando que sus ideas calaran. Después de los horrores del nazismo nadie en su sano juicio quería que le hablaran de cosas como reproducción selectiva o una raza mejor. No se puede decir que Muller no intentara adecuar sus ideas a sus nuevos lectores. Se preocupó, probablemente convencido de que con eso bastaba, de sustituir en la edición norteamericana de Out of Night a Marx y a Lenin como modelos genéticos por Lincoln y Descartes...


Ridley, Matt, GENOMA. LA AUTOBIOGRAFÍA DE UNA ESPECIE EN 23 CAPÍTULOS, pp 62-66, 2000


Muller (Wikipedia)


Más biografías de Muller: 1, 2, 3

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10 comentarios:

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Jo, parece el estereotipo de científico despistado que va a su aire y es impermeable a las circunsancias sociopolíticas que lo rodean. Me ha caído bien el tipo.

Orayo dijo...

Opino exactamente como el autor del comentario anterior.

Menudo ingenuo social! La verdad es que no esta claro si tuvo mala suerte en sus elecciones o es que siempre tomaba el camino incorrecto.

Mr, Nikolaidis dijo...

pues a mi me parece que el hombre era mas que otra cosa, un entusiasta de su trabajo, que trataba de hacer ver al mundo que llevaba razon...

un poco torpe para elegir su situacion espacio-temporal, no lo niego, pero muy habil en sus investigaciones, y una cosa compensa a la otra, no?

excelente blog

Crisis dijo...

Es maravilloso, más que un post habría que escribir una novela; ya sea de drama o comedia creo que sería exitosa.

Exelente artículo, realmente este es blog que más disfruto leer.

Saludos.

MRomanov dijo...

¨Consiguió huir con 280 de sus moscas de la fruta¨ Coño...

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

MRomanov, en las novelas rosa se dice "consiguió huir con su amada". Aquí su amada se sustituye por las 280 moscas. Zoofilia o bestialismo, creo que lo llaman a esto.

(Es bromita, eh, que yo siento gran admiración por la gente así, y hasta por las moscas de la fruta siento admiración, de hecho colecciono autógrafos de moscas de la fruta).

Ramón dijo...

Leónidas, Muller también tenía a su amada pero le prestaba bastante menos atención que a sus moscas. Su mujer lo abandonó cuando decidió irse a Alemania. En la URSS se reconciliaron pero cuando Lysenko empezó a liquidar biólogos y a Muller pareció no importarle su mujer, por puro instinto de supervivencia supongo, se divorció de él definitivamente.

Por cierto, ¿para cuando una reivindicación de las moscas de la fruta como animal benefactor de la humanidad? Pocos seres vivos han contribuido más que la pequeña Drosophila al avance del conocimiento humano. ;)

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Ramón, lo que me estás diciendo es que la señora de Muller lo abandonó cuando más lo necesitaba. En cuanto esa personajilla vio su culo en peligro mandó a tomar por saco a su marido. La verdad es qe no me sorprende en absoluto. Raro es que no lo acusara de maltrato, como está de moda en nuestro tiempo y en nuestro país.

Josete dijo...

Impresionante blog, elaborado trabajo el tuyo, te felicito.
Pasas a mis lecturas.
Saludos desde Petrer.

Anónimo dijo...

Con respecto a Lysenko hay una anécdota muy graciosa.

Como bien dices, negaba la genética y sostenía que el hombre podía influir en las características de las generaciones venideras.

Y como ejemplo ponía que si se corta sistemáticamente una oreja a todas las vacas y a cualquier descendiente de éste, al cabo de generaciones las vacas nacerían sin orejas.

Entonces el físico Landau le preguntó que entonces cómo era posible que las mujeres rusas siguiesen naciendo vírgenes.