martes 30 de junio de 2009

Y, sin embargo, no se mueve. 2


Y, sin embargo, no se mueve 2
Tres tramposos




La verdad es muy bonita

Bruce Willis (El último Boyscout)


¡Lisa! En esta casa se respetan las leyes de la termodinámica

Homer J. Simpson


Castillo de Weissenstein, Suiza, 1721

Movimiento Perpetuo no asalariado

Daniel Schumacher no sabía muy bien como se había metido en aquella situación. Él, que no era más que un simple bibliotecario, se encontraba de pronto de viaje por Europa con la misión de recopilar todo el saber disponible en temas de ciencia que hubiera en el mundo y llevarlo a su país. Y todo por la manía que le había entrado a su señor con aquello de modernizar el país.


Pedro I el Grande estaba poniéndolo todo patas arriba. Primero se había empeñado en incorporar a las mujeres a la vida pública. ¡Incluso les recomendaba que dejaran de cubrirse la cabeza! Más tarde le dio por popularizar eso que llamaban prensa y que ponía al alcance de cualquiera el conocimiento que antes tenían unos pocos. Finalmente, el zar puso su ojos en un creciente grupo de gente que medraba en Europa y que en los últimos tiempos estaban haciendo bastante ruido, sobretodo en Francia e Inglaterra. Se llamaban a si mismos filósofos naturales y se habían propuesto descubrir como funciona el mundo. Lo curioso es que, al parecer, lo estaban consiguiendo.


Schumacher observó todos los cambios que sacudían su país con la seguridad y la tranquilidad que le proporcionaba el hecho de saber que, fuera cual fuera la siguiente locura que se le ocurriese al zar, al último que iba a elegir para llevarla a cabo era a un bibliotecario. Se equivocó. Pedro I necesitaba a alguien inteligente y educado para fisgonear en los círculos científicos europeos; pero, por desgracia, su afición a las fiestas, a las orgías y a competiciones que incluían trenzas, alcohol y lanzamiento de hachas, le había llevado a rodearse de una corte poco interesada en la filosofía natural. Debió pensar entonces que quién puede ser más inteligente y educado que un bibliotecario. Como Terry Pratchett, Pedro I debía pensar que si pones a la gente junto a un montón de libros el suficiente tiempo; al final, el conocimiento acaba fluyendo de unos a otros. Y así acabó Daniel Schumacher, bibliotecario de la corte que, en efecto, era inteligente y tenía una solida formación aunque no en ciencias, de gira por Europa, entrevistando a científicos, metiendo las narices en las recién creadas Academias y acumulando todo el saber que podía para llevarlo a Rusia. Hasta que llegó a un remoto castillo en Suiza.



Pedro I había proporcionado al bibliotecario una lista de tareas entre las que estaban comprar libros, invitar a los científicos a visitar Rusia o “traer un maestro que pueda hacer experimentos”. Una de las tareas era visitar a un tal Orffireus y ver si su máquina perpetua, esa de la que tanto se hablaba, podría tener alguna utilidad para Rusia.

Johann Bessler, alias Orffireus, era un extraño personaje que había paseado su móvil perpetuo por toda Europa. Se decía que su invento era auténtico ya que nadie había logrado descubrir trampa alguna, pero lo cierto era que Bessler nunca había permitido a nadie examinar el interior de su “rueda eterna”. Cada vez que algún escéptico entrometido insistía en examinar su máquina, Orffireus la destruía y se mudaba a otra ciudad donde volvía a construir su maravilloso invento. Con el tiempo, estos cambios de domicilio eran cada vez más frecuentes. Orffireus, enemigo de la falsa modestia, publicó un libro titulado «El célebre móvil perpetuo de Orffireus» y aseguró que solo dejaría examinar su rueda a quien le pagara una elevada suma de dinero.


El lugar donde Daniel Schumacher esperaba encontrar a Orffireus era el castillo de Weissenstein, una de cuyas salas era el último lugar conocido donde se había construido el móvil perpetuo. Por desgracia, Schumacher llegó tarde. Cuando el bibliotecario apareció por el castillo, la máquina no era más que un montón de astillas. El físico holandés Willem Jacob's Gravesande había mostrado un inquietante interés en conocer los mecanismos internos de la rueda de Orffireus y éste decidió destruirla y cambiar de nuevo de residencia.


Aunque Schumacher no pudo ver el móvil perpetuo si que llegó a tiempo de entrevistar a Orffireus, que todavía no había abandonado Weissenstein, con intención de averiguar que interés podría tener para el zar el famoso invento. Schumacher aseguró al inventor que su patrón podría gastarse mucho dinero en una máquina semejante pero que antes debían mostrársele pruebas de su funcionamiento. La respuesta fue clara: «Ponga en un lado 100 000 rublos y en el otro yo pongo la máquina» (Brodianski, Móvil perpetuo antes y ahora)


Antes de volver a Rusia Schumacher tuvo tiempo de entrevistar a Christian Wolff sobre la veracidad de las afirmaciones de Orffireus y de su máquina. Las opiniones negativas del Wolff quedaron reflejadas en el informe que presentó al zar. También en dicho informe figura la sensata opinión del propio bibliotecario sobre el asunto: «De este escrito Su Majestad Imperial puede ver que este móvil perpetuo no es muy perfecto»


Es posible que, años después, una vez el zar le había concedido el honor de ser el primer director de la recién creada Academia de las Ciencias de San Petersburgo, Schumacher tuviera noticia del destino de Orffireus. De ser así, probablemente no se habría extrañado al conocer que el inventor había caído en desgracia tras descubrirse que su famosa rueda era un fraude. Sus criados y su mujer lo denunciaron públicamente. Ellos eran quienes, instalados en la habitación contigua a la máquina, giraban una rueda que, conectada mediante ejes ocultos, hacia moverse la máquina. La razón por la que decidieron contar la verdad era que Orffireus nunca había compartido con ellos el dinero que ganaba exponiendo su invento. Ni siquiera les pagaba un sueldo por el trabajo extra.

El caso de Orffireus podría servir como ejemplo de la primera ley de la termodinámica aplicada al mundo laboral: el trabajo no es gratis.



California, 1966

El motor semestral de Mr. Papp y el físico impertinente




Puede que Mr. Papp fuera un tramposo más en la larga lista de inventores de máquinas perpetuas pero no se puede negar que tenía estilo. A la hora de hacer una puesta en escena impactante Mr. Papp no tenía rival.


La historia de Mr. Papp comienza en el mar, una noche de verano de 1966, a escasa distancia de las costas francesas. Un barco pesquero que salía a faenar del puerto de Brest se encontró con una balsa hinchable a la deriva. Al acercarse descubrieron que estaba ocupada por un hombre al que se apresuraron a subir a bordo. El náufrago iba vestido como un piloto de la segunda guerra mundial, incluyendo el casco y las gafas, y se presentó como Josef Papp, ingeniero canadiense (aunque luego se descubrió que era húngaro). Cuando los pescadores le interrogaron sobre su situación, el naufrago relató como acababa de escapar por los pelos de una muerte segura ya que su submarino había sufrido un accidente. Los marineros preocupados le preguntaron por el resto de la tripulación pero Mr. Papp se apresuró a tranquilizarlos: no había ninguna tripulación. Josef Papp aseguró que acababa de cruzar el Atlántico en solitario, en un viaje de tan solo trece horas de duración, a bordo de un submarino a reacción que había construido en el garaje de su casa.


La prensa no tardó en dar una gran cobertura al caso Papp. Poco importó lo increíble que resultaba el submarino que afirmaba haber construido y que, según él, alcanzaba los 500 km/h. Tampoco se tuvo en cuenta el hecho de que los marineros que lo rescataron encontraron dos billetes de avión en la chaqueta del ingeniero. Eran para el vuelo Montreal-París. Ida y vuelta. Y el de ida había sido usado. Ni siquiera se prestó atención a los pasajeros del vuelo que reconocieron a Mr. Papp y afirmaron haber viajado con él de Canada a Francia. La verdad no importó demasiado a la prensa, la historia que contaba Josef Papp era mucho más interesante.


Una vez convertido en celebridad, Mr. Papp anunció al mundo su nuevo invento: el motor eterno. Bueno, eterno, lo que se dice eterno no era. Más bien semestral. Pero a efectos prácticos podemos tratarlo como una máquina de movimiento perpetuo. Según Papp, un coche equipado con uno de sus motores podría funcionar durante seis meses a pleno rendimiento antes de necesitar repostar. El repostaje consistía en la inyección de una mezcla de gases directamente en los cilindros y otorgaba al vehículo seis meses más de autonomía.


Eran los años sesenta y Mr. Papp supo adaptar a la perfección el fraude del movimiento perpetuo a los nuevos tiempos. Por primera vez encontramos elementos que luego serían comunes en este tipo de fraudes. Papp hacía hincapié en las virtudes ecológicas de su motor. Según él, su máquina no producía ningún tipo de contaminación atmosférica y los gases que necesitaba para funcionar se obtenían de manera sencilla sin destruir el medio ambiente. Además del ecologismo, otro movimiento hijo de los sesenta era clave en la historia del ingeniero: el conspiracionismo. Papp aseguraba haber estado negociando la venta de su motor con algunos fabricantes de automóviles pero, a pesar del interés que tenían varias marcas en adquirir su producto, las compañías petroleras habían presionado para que las creaciones de Papp no encontraran comprador.


Mr. Papp, con los medios dando cobertura a todo lo que decía, anunció al mundo su motor perpetuo semestral y fijó una fecha para la presentación oficial de su invento. Sería ese mismo año en California. Cualquiera podría asistir a la puesta de largo del motor y, tras ese día, las compañías petroleras no podrían seguir negando la existencia de la máquina que iba a cambiar el mundo. Lo que no sabía Josef Papp era que en California iba a encontrarse con la horma de su zapato.

Un grupo de estudiantes de física de Caltech se enteraron de las hazañas de del ingeniero del submarino a reacción y decidieron acudir a la presentación de su motor. Para horror de Mr. Papp los estudiantes convencieron a uno de sus profesores para que fuera con ellos.


El día en cuestión llegó y Mr. Papp y su invento se encontraron rodeados por decenas de interesados. Estudiantes, inversores, ingenieros y simples curiosos rodeaban al inventor y al coche en marcha que, en teoría, funcionaba gracias al maravilloso motor semestral. Entre todos ellos había una persona que estaba poniendo de los nervios a Josef Papp. Había llegado con los estudiantes de física y no paraba de burlar las medidas de seguridad para meter su nariz por todas partes. Además, mientras que el resto de la gente manifestaba su asombro, el entrometido no hacía más que formular preguntas incómodas del tipo: ¿Cómo es que, siendo un motor de combustión, suena como un motor eléctrico? ¿Qué encontraré si sigo esos cables que salen del coche y entran en esa construcción? ¿Puedo desenchufar ese cable? ¿Por qué solo va a estar funcionando un par de horas el coche? ¿Podría dejarlo en marcha un poco más?


Mr. Papp estaba desquiciado. Él quería impresionar a la prensa y aquel físico entrometido no hacía más que ponerlo en evidencia. El profesor no era otro que Richard Feynman y estaba consiguiendo que Papp se arrepintiera de haber elegido California para presentar su motor. En un momento dado, poco antes de que llegara la hora prevista para poner fin al acto de presentación, Josef Papp desapareció en el interior de un edificio y el infierno se desató. Una gran explosión convirtió en chatarra el motor semestral. Varias personas resultaron heridas, dos de ellas de gravedad, y una murió a causa del impacto de una de las piezas del motor que le atravesó el pecho.


La investigación posterior no consiguió determinar la causa de la explosión. Mr. Papp acusó a Richar Feynman de trabajar de forma encubierta para las petroleras y haber saboteado su invento. Feynman, por su parte, escribió un artículo relatando lo sucedido y expresando sus sospechas de que el autor de la explosión había sido el propio Josef Papp que veía así reforzada su tesis conspiracionista.


Mr. Papp y su motor se fueron disolviendo en el olvido con el paso del tiempo aunque hoy en día aun existen varios grupos de defensores del inventor. Afirman que Papp se llevó a la tumba su secreto y nunca podremos disfrutar de su motor ya que alguien (lease petroleras, CIA, Illuminatis, masones, o cualquier otro grupo a gusto del consumidor conspiranóico) se había encargado de eliminar los registros de sus patentes. Lo cierto es que las patentes de Josef Papp no han sido eliminadas, siguen a disposición de cualquiera en la Oficina de Patentes Americana: Patente 1, Patente 2, Patente 3. Después de treinta años siguen esperando a que alguien consiga hacerlas funcionar.


Nueva Orleans, 1984

El astronauta que acabó con el movimiento perpetuo


El Superdome de Nueva Orleans es un gran estadio con capacidad para casi setenta mil espectadores. Suele ser escenario de acontecimientos deportivos, conciertos o actos políticos durante las campañas electorales. Recientemente su nombre se hizo popular debido al papel que jugó durante el desastre causado por el Katrina. En su interior se refugiaron miles de personas y, pese a sufrir considerables daños, el edificio aguantó.



En 1984 un mecánico llamado Joseph Newman alquiló el Superdome durante una semana completa. Cada día, miles de personas acudían a ver al hombre destinado a cambiar el rumbo de la historia. Newman estaba librando una cruzada y necesitaba la ayuda de la opinión publica. Los espectáculos en el Superdome eran la culminación de una campaña que había consistido en apariciones en televisión, radio y numerosas entrevistas en periódicos y revistas. En el Superdome, Newman aparecía ante su público subido en un coche y daba varias vueltas saludando a la gente que no dejaba de aplaudirle. Después detenía el vehículo y pronunciaba la frase que hacia enloquecer al público: “Este coche podría estar dando vueltas de forma indefinida. ¡No necesita combustible!”


La historia de Newman era una buena historia para la prensa. El clásico enfrentamiento de David contra Goliat que encanta a los medios. Joseph Newman aseguraba haber descubierto un motor que no necesitaba combustible. Su máquina, afirmaba, producía mas energía de la que consumía. Era la clase de descubrimiento que pondría al mundo patas arriba, una revolución energética mucho más importante que cualquiera de las precedentes. Pero había un problema: la Oficina de Patentes no quería aceptar el diseño de Newman.


Desde principios del siglo XX la Oficina de Patentes de los Estados Unidos no admite diseños de móviles perpetuos. Era una cuestión práctica, el aluvión de este tipo de diseños durante el siglo XIX fue tal que en la oficina de patentes decidieron establecer una norma para cerrar el grifo. Solo serían aceptadas patentes de este tipo si el inventor en cuestión era capaz de mostrar su máquina en funcionamiento. El motor de Papp consiguió eludir esta regla ya que no era un móvil perpetuo propiamente dicho al necesitar una inyección de gas cada seis meses. Pero el invento de Newman fue rechazado.


Newman denunció a la Oficina de Patentes pero perdió. El juez decidió aprender termodinámica por su cuenta durante el juicio y llegó a la conclusión de que el motor de Newman era un móvil perpetuo y por lo tanto no tenía derecho a patente a no ser que demostrara su funcionamiento. Newman inició entonces su campaña publicitaria por diversos medios de comunicación. Quería conseguir los apoyos necesarios para que el Congreso de los Estados Unidos forzara a la Oficina de Patentes a aceptar su invento. Y los consiguió.


Joseph Newman se presentó para hablar ante el Congreso el 29 de julio de 1986 de la mano del senador por Misissipi Thad Cochran y con el apoyo de varios senadores más. Después de perder su anterior juicio Newman modificó la teoría según la cual funcionaba su dispositivo. Ahora aseguraba que no era un móvil perpetuo lo que había inventado. Explicó a los congresistas que su máquina sí que consumía energía, de hecho se devoraba a si misma según la ecuación de Einstein (E=mc2), debido a lo cual podía permanecer en funcionamiento miles de años sin poder ser considerado un móvil perpetuo estrictamente hablando. Aunque esto no era más que una argucia para burlar la norma de la Oficina de Patentes la mayoría de los congresistas eran incapaces de apreciar la trampa. Su formación era en derecho o en economía y no tenían ni idea de formulas, móviles perpetuos o máquinas que se devoraban a si mismas. Lo único que veían era a un amable y sincero mecánico al que la gente adoraba y cuyo invento supondría un ahorro de miles de millones de dólares. Además su creación estaba avalada por un informe del ingeniero electrónico William Schuyler.

Fue entonces cuando un astronauta carraspeó y pidió la palabra. John Glenn, antiguo heroe de la NASA y primer americano en órbita, era por aquel entonces senador por Ohio y, probablemente, el único en toda la sala con los conocimientos necesarios para olerse el engaño de Newman. La pregunta de Glenn dejó a Newman sin habla por primera vez en toda su comparecencia:

-Se trata de un problema bastante sencillo -dijo-. Se mide la energía de entrada y la energía de salida, y se mira cual de las dos es mayor. ¿Estaría el señor Newman de acuerdo con esto? Si lo está -continuó Glenn sin esperar respuesta-, ¿qué laboratorio le gustaría que hiciera las mediciones?”

Robert L. Park, Ciencia o vudú


La única respuesta que Newman consiguió articular consistió en algunos balbuceos sobre el insulto que tal prueba supondría para los científicos que ya habían examinado su invento. A pesar de todo, no fue la pregunta de Glenn lo que hizo que el Congreso rechazara la petición de patente de Newman sino una carta que pasaron al astronauta en la que quedaba probada la relación personal de Joseph Newman con William Schuyler, que había realizado el informe favorable a su máquina. Como ya he dicho, la mayoría de congresistas eran abogados y no tenían la mas mínima idea de física, pero sabían oler un conflicto de intereses a kilómetros. No fueron las leyes de la termodinámica las que desbarataron el negocio de Newman, sino las leyes federales.




EPÍLOGO

Los tramposos del movimiento perpetuo han sido muchos y siguen apareciendo en los medios regularmente. Después de prometer la solución a los problemas energéticos de la humanidad en algún informativo veraniego suelen caer en el olvido, incapaces de mostrar sus inventos en funcionamiento (Vease el caso Steorn)


Brodianski, V.M., Movimiento perpetuo antes y ahora

Cronología de las máquinas de movimiento perpetuo

Orffireus

Artículo de Feynman sobre el incidente de Mr. Papp

Relación de inventores de móviles perpetuos

Kilty, Kevin T., Perpetual Motion

Kaku, Michio, Física de lo imposible

Park, Robert L., Ciencia o vudú



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martes 26 de mayo de 2009

Y, sin embargo, no se mueve. 1

El juego


No puedes ganar

No puedes empatar

Ni siquiera puedes abandonar la partida

Anónimo






Imagina un juego. El único jugador, que tengamos constancia, se llama ser humano. La partida es bastante larga, lleva en marcha unos cuantos miles de años. El objetivo es simple: crear trabajo. Cuanto más trabajo y de forma más eficiente produzcamos, mejor. Nadie nos obliga a jugarlo y, sin embargo, no existe grupo humano que no lo haya jugado a conciencia a lo largo de su historia.


Imaginemos ahora una comunidad humana que está empezando a jugar. Al principio la partida no pinta nada bien, únicamente disponemos de nuestro cuerpo para producir trabajo y, seamos sinceros, nuestro cuerpo no es gran cosa. La potencia que podemos ejercer por nosotros mismos es, más o menos, de medio caballo de vapor. No es mucho. Poco trabajo podemos producir con eso. Los “machos alfa” de nuestro grupo imaginario a lo mejor llegan a 1 cv de potencia (ser potente es uno de los requisitos para el oficio de “macho de alfa”) pero eso tampoco es para tirar cohetes. Además, solo podemos desplegar nuestra máxima potencia durante un breve periodo de tiempo. Después quedamos agotados porque resulta que, además de poco potente, el ser humano tampoco dispone de mucha energía para gastar.


Por si todo esto fuera poco, empleamos cerca de un veinte por ciento de nuestras reservas de energía en mantener en funcionamiento un extraño aparato. Se le suele calificar como el nova mas de la perfección en el mundo natural, un milagro, un ordenador maravilloso y preciso que nos ha regalado la evolución: el cerebro humano. El caso es que, cuanto más sabemos sobre el cerebro, menos se parece a la imagen clásica de supercomputador. De hecho, si continuamos con las analogías informáticas el cerebro se parecería mas a un PC destartalado y obsoleto al que le hemos ido añadiendo memoria y procesadores, lleno de parches, bucles, empalmes y remiendos con cinta aislante. Además, todavía no tenemos mucha idea de como funciona el software; ni el que trae de serie, ni el que vamos instalando con el paso del tiempo. Sea como sea, flamante computador o cacharro al borde del colapso, el cerebro funciona. Y funciona lo suficientemente bien para recuperar con creces ese veinte por ciento de energía que invertimos en él. Lo cierto es que el cerebro es nuestra mejor baza en el juego del trabajo.


A estas alturas supongo que te estarás preguntando sobre la importancia de este supuesto juego y, sobretodo, por qué hablo de él en un blog sobre errores o trampas. La respuesta a la segunda pregunta es simple: yo quería hablar de un grupo de tramposos pero no puedo hacerlo sin antes explicar el juego al que intentaron hacer trampas. Y respecto a la primera pregunta la respuesta es que este juego es muy importante. Tanto que si pudiéramos estar presentes en los momentos de cambio o desarrollo más significativos, para bien o para mal, de la humanidad y nos permitieran echar un vistazo entre bastidores descubriríamos algo sorprendente. Allí, ocultos en las páginas de los libros de historia tras los reyes y los generales, están los jugadores. Cada gran cambio histórico esconde una apasionante partida de este juego.





Las primeras civilizaciones humanas fueron posibles gracias a grandes jugadores. Ellos fueron los que consiguieron la rueda, la polea, la palanca, la grúa, la organización del trabajo o el plano inclinado. Otros pensaron que lo mejor era poner en nómina a la naturaleza y que ella se encargara del trabajo duro. Así se ganó la partida de la domesticación del buey (que tiene la potencia de varios seres humanos y además recarga él solo sus reservas de energía pastando) y la del uso de las crecidas de los ríos para irrigar los campos sin mover un dedo. Por primera vez, se producían alimentos para un porrón de gente con el trabajo de muy pocos. Esto condujo a una situación completamente nueva para el ser humano: un montón de personas, un número nunca antes visto, se habían establecido juntas de forma permanente y la gran mayoría de ellas no tenía nada que hacer. Aquellos que no tenían que trabajar en la obtención de sustento se dedicaron a sus hobbies: inventar la escritura, los gobiernos, los números, los oficios, el comercio, la religión organizada, los ejércitos, la arquitectura, las leyes y, también, descubrir nuevas formas de producir trabajo. El juego no se detiene y estábamos empezando a pillarle el tranquillo.



Las reglas del juego

La termodinámica es curiosa. La primera vez que te enfrentas a ella, no la entiendes del todo. La segunda vez, crees que la has entendido, salvo algún detalle sin importancia. La tercera vez te das cuenta de que no la entiendes en absoluto pero estás tan acostumbrado a ella que ya no importa.

Arnold Sommerfeld



Las máquinas no crean fuerza, sólo la transforman,y todo aquel que espere otra cosa no entiende nada de mecánica.

Galileo



El juego no traía manual de instrucciones. Las reglas debían descubrirlas los jugadores por ellos mismos. Esto, en realidad, nunca supuso mayor problema: aunque las leyes generales no se descubrieran hasta hace relativamente poco, los seres humanos siempre han intuido las escasas reglas que gobiernan el juego del trabajo. Hemos tenido mucho tiempo para acostumbrarnos a ellas.


La primera regla es fácil: nada es gratis y el trabajo, menos. Y ahora, un breve inciso. Por trabajo me estoy refiriendo al proceso de transformar un tipo de energía en otra. Me explico. Pongámonos en la piel de un arquitecto egipcio (egipcio de los de antes, de los que construían estatuas de cuatro dedos). Le han encargado construir una pirámide. El tipo está un poco agobiado porque se le está echando el tiempo encima, apenas tiene dos o tres décadas para acabar la obra y ni siquiera han aparecido visitantes del espacio exterior para hacerle el trabajo. El caso es que nuestro arquitecto necesita mover unos pedruscos enormes y para eso hace falta mucha energía. Por supuesto él no puede hacerlo por si mismo, ya hemos visto que el cuerpo humano tiene escasas reservas de energía... Pero, ¿qué pasa si tenemos un montón de “cuerpos humanos”? Los egipcios tenían esclavos abundante mano de obra. El método, el cruel método, era sencillo: pon a tropecientos trabajadores a empujar la piedra. Cada uno ellos perderá energía en el proceso pero esa energía no desaparece, tan solo se transforma. Mediante el trabajo (empujar) la energía de los trabajadores esclavos pasa a la piedra transformada en energía cinética y, si ésta es suficiente, el pedrusco se moverá. El arquitecto podrá dormir tranquilo y los trabajadores esclavos planear un éxodo.


Un ejemplo más actual y menos bárbaro. Imaginemos que tenemos una lata de gasolina. Con simplemente aplicar una chispa al líquido tendremos grandes cantidades de calor pero resulta que lo que nosotros queremos no es calentarnos sino movernos. No pasa nada, tan solo tenemos que inventar una máquina que sea capaz de llevar a cabo el trabajo necesario para convertir calor en movimiento (motor de combustión interna). Es recomendable, si no queremos tener problemas, que nos proveamos también de una máquina que se encargue del trabajo inverso: volver a convertir el movimiento en calor. Se suelen llamar frenos.

Bien, vuelvo a las reglas del juego. La primera es simple: es imposible construir una máquina que, tras realizar un trabajo, produzca más energía de la que gasta. Sería como intentar hacer aparecer la energía de la nada y eso no esta bien. No es jugar limpio. Si esta regla no existiera podríamos construir un motor con un rendimiento energético de, por ejemplo, el 105%. Eso significa que el motor sería capaz de abastecerse a si mismo, conectando la salida a la entrada, y aun produciría un excedente energético del 5%. Con máquinas así la energía sería gratis, se acabó pagar la factura de la luz.


Pero, ¿y si no queremos excedente de energía?. A lo mejor solo queremos una máquina que se autoabastezca. Una máquina que se mantenga a sí misma en funcionamiento pero no produzca excedente de energía. Un rendimiento del 100% no viola la primera regla del juego. Aunque una máquina así no produciría trabajo útil, pues gastaría toda su energía en mantenerse a si misma, siempre la podríamos usar como adorno. Desgraciadamente la segunda regla del juego nos priva de tener un móvil perpetuo adornando nuestro despacho. Esta regla dice que, a no ser que consigamos temperaturas de 0º absoluto, tampoco podemos construir nada con un rendimiento del 100%.


No existen máquinas perpetuas simplemente porque la energía se escabulle por todas partes. Volvamos a nuestro motor de combustión. Nosotros queríamos conseguir energía cinética, es decir movernos, pero eso es solo una parte de lo que en realidad obtenemos cuando ponemos en marcha el motor. Una parte muy alejada del 100%. Gran cantidad de energía se desperdicia en formas de ondas sonoras o de calor, tanta que hemos tenido que inventar mecanismos como el radiador, el tubo de escape o el silenciador para lidiar con toda esa energía desbocada. Y nosotros solo queríamos movimiento.


Por último, por si alguien tenía pensado agarrarse a la letra pequeña de la segunda regla, está la tercera regla del juego. Es también clara y nos impide salirnos por la tangente: nunca, jamas, de ninguna manera, se puede alcanzar el 0º absoluto.


Ya conocemos el juego y sus instrucciones. En el próximo artículo hablaré de los tramposos.

En breve:

Y, sin embargo, no se mueve. 2

Los tramposos.


Notas:

- La cita de Galileo está sacada de aquí.

- La de Sommerfeld de Wikipedia


Disculpas:

- A los lectores habituales. Por no incluir ningún fraude en esta primera parte y salirme así de la temática del blog. Prometo que en la segunda parte hay estafadores de sobra para compensar.

- A los físicos por las patadas que acabo de darle a la termodinámica, por las simplificaciones imperdonables y por los errores que haya podido cometer.

- A los historiadores, por ventilarme la revolución neolítica con un par de frases chorras. Ah, y por poner una estatua de atrezzo al hablar de los egipcios (No he podido evitarlo)


Perdón a todos, pero necesitaba este artículo para poder escribir el siguiente. :-P

Corrijo el error de los esclavos egipcios. Cortesía de dos comentarios anónimos. ¡Gracias!

Para saber más sobre egipcios y esclavos: Construcción de pirámides



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miércoles 8 de abril de 2009

¿Dónde están los monstruos?



Más allá hay monstruos escribía el cartógrafo medieval cuando llegaba a la parte del pergamino en la que sus conocimientos flaqueaban. Si nadie había vuelto tras intentar cruzar este mar o aquel desierto por algo sería, pensaría el maese. Allí había monstruos, sin duda. Lo cierto es que el cartógrafo jamás había visto un monstruo ni había conocido a nadie que lo hubiera visto. A pesar de ilustrar con sierpes y dragones los mares más inhóspitos, nunca se había encontrado con estos seres. De barcos hundidos por tormentas y de caravanas devoradas por la arena sí que tenía constancia, pero optaba por los monstruos cuando tenía que representar en sus portulanos un lugar del que nadie, que él supiera, había regresado. Esta muestra de irracionalidad, podrán pensar algunos, se debe sin duda a la época en la que le tocó vivir. Si el cartógrafo era un palurdo supersticioso es porque el medievo fue un tiempo de palurdos supersticiosos. Nada que ver con nosotros, “los de ahora”, mucho más sabios y racionales...

Lo cierto es que el cuento de los mapas medievales poblados de monstruos no es más que eso, un cuento. Al igual que la idea de contemplarnos a nosotros mismos como unos seres completamente distintos a los que vivieron nuestro pasado, cuando no eran más que nosotros ayer.

Los dibujos de monstruos en mapas antiguos no son un mito, pero sí algo anecdótico. De los cientos de mapas y portulanos que se conservan, los que tienen figuras fantásticas se pueden contar con los dedos (aquí hay una lista de mapas con seres mitológicos). En cuanto a la frase “Más allá hay monstruos”, que todo el mundo parece identificar con los mapas medievales, no es más que un invento moderno. No se conoce el origen del mito pero lo que es seguro es que esa frase no aparece en ningún mapa antiguo. Lo más parecido que podemos encontrar es un texto, escrito en la costa este de Asia, en el Globo Lenox, el segundo orbe terrestre más antiguo que se conoce, que reza: “HC SVNT DRACONES” (Aquí hay dragones, en latín) Eso es todo. La práctica totalidad de portulanos medievales se ceñían a las necesidades de comerciantes y navegantes; y éstos no querían monstruos sino distancias, ciudades, puertos, rutas y accidentes geográficos. Para la mayor parte de la gente, los monstruos eran parte del folklore, como ahora. Lo que preocupaba al pastor o al campesino era el tiempo, las plagas o el precio del grano. Como mucho los lobos. Pero, desde luego, no los dragones. Del mismo modo que hoy, por más que uno quiera creer, se preocupará por los grizzlies y no por los big-foots cuando se adentré en los bosques de Norteamérica. Y, si viaja en barco, aun siendo un amante del misterio, nuestro hombre de hoy estará atento al parte meteorológico, pendiente de las tormentas y no de los krakens. Si no es así, estaríamos hablando de lo que se suele llamar un imbécil clásico y de esos también había en la Edad Media. De hecho, son intemporales.


La difusión de los cuentos sobre monstruos, o sobre otras cosas fantásticas, tenía su nicho de mercado en el medievo. Solo que, al no haberse inventado todavía las revistas baratas ni los programadores de televisión, se difundía en forma de libros. De este subgénero poblado de dragones y unicornios, tenemos en España uno de los mejores ejemplos: el Jardín de las Flores Curiosas, de Torquemada. Antonio de Torquemada (no confundir con Tomás, el cabroncete, con el que no tenía ninguna relación) fue un autor de bestsellers del siglo XVI especializado en novelas de caballería. No podemos considerarlo un escritor medieval propiamente dicho pero, como en España llegamos tarde y mal a todo y el Renacimiento no fue una excepción, para el caso nos vale. Torquemada escribió su Jardín en forma de diálogo entre tres amigos y dividido en tratados. En cada uno de estos tratados, los amigos discuten sobre un tema misterioso. Un capítulo trata de lugares míticos, otro de monstruos, otro habla de poderes sobrehumanos y así hasta seis tratados sobre temas más o menos extraños.


Cervantes, en el Quijote, puso en boca del Cura una mordaz crítica al Olivante, otro libro de Torquemada, y de paso al Jardín de las Flores Curiosas:


El autor de este libro -dijo el Cura- fue el mismo que compuso a Jardín de Flores; y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos libros es más verdadero, o, por mejor decir, menos mentiroso; sólo sé que éste irá al corral por disparatado y arrogante”


Hay que decir que el mundillo del misterio no ha evolucionado mucho: los argumentos que usaban los protagonistas del Jardín... para defender la existencia de los monstruos son exactamente los mismos a los usados hoy en día:


Yo no sé qué juzgar, porque tantos autores lo escriben y hacen mención de tantas monstruosidades, siendo tan graves y de tanta autoridad, que nos obligan a creer que los hay; y por otra parte, apenas se verá ahora ni se oirá de ninguno que haya en el mundo, ni que diga que lo ha visto, aunque nunca tanta parte de tierra se ha descubierto en el mundo, y no vemos que ni en la India Mayor, que los de la nación portuguesa han conquistado, ni en las indias occidentales se hayan hallado monstruos ningunos; pero en fin se entiende que es verdad lo que está escrito; y así, dicen que se han recogido a las montañas y partes que no son habitadas de gentes.”


A Torquemada ya le olía mal que los europeos no dejaran de llegar a tierras desconocidas y los dichosos monstruos no apareciesen por ningún lado. En la actualidad, a los monstruos la casa se les ha quedado mucho mas pequeña. Las montañas a las que se recogieron en el siglo XVI ahora tienen estaciones de esquí con tienda de regalos y las partes que no son habitadas de gentes seguro que son cruzadas por varios rallyes al año. Y los monstruos siguen sin aparecer. Google Earth no deja ni un pequeño espacio en blanco en el que escribir: Más allá hay monstruos, y en ninguna de sus fotos aparecen dragones.


Pero nada de esto importa. Hoy, como en la Edad Media, como siempre, sigue habiendo gente que, pasada la niñez, sigue creyendo en monstruos. Se llaman a si mismos criptozoólogos y a los monstruos los denominan críptidos; porque una cosa es creer en los monstruos y otra no sentir vergüenza al admitirlo. Usando estos términos la cosa queda entre académica y misteriosa, y los criptozoólogos pueden hablar en público de sus cosas de monstruos sin ruborizarse.


A los distintos tipos de monstruos también les han cambiado el nombre; se conoce que no quedaba serio ser investigador, con chaleco con bolsillos y todo, y que tu objeto de estudio sean los protagonistas de los libros de cuentos que leen tus hijos. Los dragones ahora suelen llamarse plesiosaurios (porque, sin duda, un inmenso reptil extinto hace millones de años es mucho mas creíble), viven en los lagos en lugar de en cuevas y, al contrario que sus tocayos prehistóricos, no necesitan emerger a respirar y solo suben a la superficie cuando su instinto les dice que se aproxima un turista con una cámara desenfocada. Al ser pocos y estar todos fichados, cada dragón tiene nombre propio, como los de las sagas nórdicas. El más famoso de ellos se llama Nessie y vive en un frío lago escoces rodeado de castillos medievales, el ecosistema perfecto para que un dragón se críe de forma saludable.


Como uno no puede pasarse los años buscando monstruos sin presentar resultado alguno, los criptozoólogos hacen suyos los descubrimientos de nuevas especies por parte de los biólogos. Todos los manuales de criptozoología que he consultado comienzan con un listado de especies recientemente descubiertas, desde el celacanto hasta el okapi, incluyendo decenas de invertebrados y pequeñas aves, mamíferos o reptiles. Puesto que ninguna de esas especies ha sido descubierta por ningún criptozoólogo el argumento pierde un poco de fuerza: “Eh, si esos científicos de Oxford han descubierto quince especies de escarabajos peloteros, ¿por qué nadie cree en mi plesiosaurio de veinte metros?”

Pero el principal motivo por el que no hay que tomarse en serio este argumento es que ni los mismos criptozoólogos lo hacen. En realidad, los escarabajos peloteros, las ratas o los ciervos enanos que descubran los biólogos les importan un bledo a los criptozoólogos. Los meten en la introducción de sus libros para que parezcan serios, pero en el resto de capítulos no se vuelve a hablar de invertebrados ni de pequeños mamíferos por ningún lado. ¿A quien le importan los escarabajos teniendo monstruos? Perdón, críptidos. Se habla en esos libros de gigantes peludos de tres metros de altura que viven en el Himalaya, aunque no se sepa muy bien de que viven. También suele tener su capítulo especial el, atención, hombre-polilla, bicho que goza de especial fama por ser un dos por uno de lo paranormal, mitad críptido mitad extraterrestre. Y no puede faltar el chupacabras, monstruo sobre el que solo se sabe seguro el nombre. No he conseguido encontrar dos descripciones iguales de este ser, ni siquiera parecidas; desde un perro mutante hasta un vampiro del espacio, pasando por un canguro infernal (lo juro), el chupacabras puede tener cualquier aspecto. Aunque mi favorito es el hombre rana de Loveland, una criatura que vive en los lagos de Ohio y que es clavadito al triste hombre pez de “La mujer y el monstruo”


Así que, la próxima vez que pensemos en el medievo como ese oscuro periodo de la historia poblado de ignorantes supersticiosos que creían en los monstruos será mejor que nos paremos a pensar en el programa que echan por la noche en la tele, en los suplementos que regalan con los periódicos o en esos tipos serios que, con cuarenta años, todavía se dedican a perseguir monstruos y lo admiten sin rubor.


Puede que más allá haya monstruos, el problema es que cada vez hay menos más allá.


Angulo, Eduardo; Monstruos, 2007

Torquemada, Antonio; El jardín de las flores curiosas, 1570 (Descubrí este libro gracias a Exapamicron, un blog muy interesante repleto de rarezas y curiosidades. Os lo recomiendo.)

González/Heylen; Al límite criptozoología, 2002

González/Heylen/Sánchez; El gran libro de la criptozoología, 2008

Criptozoología


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martes 17 de febrero de 2009

Felicidad



He sido elegido. Yo.


Estoy destinado a conocer el Secreto de la Felicidad Absoluta.


Sí, ya se que en este blog siempre he mantenido una postura escéptica con respecto a estos temas pero eso era solo porque el destino aún no me había señalado con el dedo. Es muy fácil apelar a la razón y alardear de incredulidad cuando no eres un Elegido, cuando no has atisbado el misterioso mundo que se esconde tras la cortina.


Hace unos días recibí una carta que iba a cambiar por completo mi vida. En cuanto vi el sobre comprendí que había algo extraño. A pesar de que en él se podía leer ¡¡¡CONTENIDO SECRETO!!!, el sobre era de esos con una ventanita de plástico trasparente en una esquina, por lo que se podía leer parte de lo escrito en las hojas del interior: TE HAN ELEGIDO A TI ¡¡¡Formas parte de los 7!!!

NOTA: Conviene, antes de seguir, aclarar algunas características propias del lenguaje usado por los que han alcanzado la felicidad. Las mayúsculas, por ejemplo, no se emplean únicamente en los nombres propios sino que su uso se extiende a todas aquellas palabras que nos parezcan Importantes. Si creemos que un término es MUY IMPORTANTE, debemos escribirlo por completo en mayúsculas.

Por otro lado, el signo de admiración también tiene un uso distinto al que le dan los no versados. El Lenguaje de la Felicidad invita a usarlo con generosidad hasta el punto de encerrar casi cada frase entre signos de admiración. Si la frase en cuestión hubiera requerido de una admiración en el habla normal (o habla infeliz), entonces usaremos dos. Como medida excepcional se podrán usar hasta tres exclamaciones, siempre y cuando el espectacular efecto que esto provoque esté justificado. (La pronunciación correcta de la triple exclamación, por ejemplo ¡¡¡Destino!!!, es, según los expertos consultados, una pronunciación chanante)

Ah, y los números se escriben siempre con cifras nunca con palabras.


La carta, Personal y Confidencial, venía de Madrid y estaba firmada por el Profesor Berthold von Graaf, del IFA (International Foundation for Abundance) El carácter único del profesor von Graaf le permite esas excentricidades propias de grande hombres tales como, en lugar de poner fecha en el encabezado de su misiva, poner hora:

Tras dejar bien clara, mediante admiraciones y mayúsculas, la suma importancia de la carta, von Graaf pasa a contarme el meollo del asunto:

Impresionante. Lo que más llamó mi atención no fue que el equipo del prestigioso Centro Internacional de Investigación de la Felicidad hubiera descubierto ¡el mayor secreto de nuestro tiempo!; tampoco fue la inmensa labor de ingeniería social que han tenido que realizar para montar un equipo con astrólogos, clarividentes, médiums y científicos (¡los más importantes!). No, lo mas impresionante de todo es esta parte: “¡...en seguida, y sin ningún esfuerzo de tu parte!” ¡Dolce far niente! Todos mis deseos, ¡los más profundos y los más urgentes!, se harán realidad sin que yo tenga que mover un dedo. Estos del Instituto de la Felicidad sí que saben, felicidad rápida, a domicilio y sin esfuerzo. Son el Telepizza de la felicidad. Fast Felicity.


Aunque llegado a este punto he de reconocer que me asaltó mi primera duda. Mi primera crisis de fe. ¿Y si el concepto de felicidad del profesor von Graaf no coincidía con el mio? Afortunadamente, como si me estuvieran leyendo la mente (probablemente así fue), el siguiente párrafo dejaba claro el asunto:

Los clásicos nunca fallan. Salud, dinero y amor. Me pregunté quienes serían los otros 6 afortunados que habían sido Elegidos como yo...


La carta seguía:


¡Acabáramos! ¡La poderosa fuerza elemental del universo y del cosmos! Las piezas comenzaban a encajar, aquello no podía ser un engaño. El mismísimo círculo secreto de los principales astrólogos y adivinos de Europa estaba detrás del asunto. Palabras mayores. Ya no cabía ninguna duda. ¡Si hasta venía en negrita y rodeado a boli! Soy un Elegido. ¡Soy uno de los 7!


No había rastro de duda en mí pero el profesor von Graaf, conocedor sin duda de mis artículos y, en consecuencia, de mi cerrazón mental pre-conversión, se había molestado en incluir en el sobre todas las pruebas necesarias para convencer hasta al más escéptico. Primero está el certificado oficial, firmado por el prestigioso notario Dr. Tutzig:

Por si esto fuera poco, se incluye también el manuscrito original en el que el Instituto de la Felicidad comunica a von Graaf que soy el Elegido:

Este es uno de esos detalles que dejan claro que estamos ante gente seria. Podían haber comunicado el MUY PODEROSO SECRETO usando el teléfono, el fax o el correo electrónico y, sin embargo, han usado una carta de las de toda la vida. Puede que, en lugar del servicio postal, hayan usado un cuervo para hacerla llegar a su ¡¡¡Destino!!! pero es una carta al fin y al cabo.

Aunque las pruebas son irrefutables y nadie en su sano juicio tendría dudas a estas alturas, von Graaf se permite incluir una evidencia más. La lista de los Elegidos:

En efecto, ahí estaba. La lista de los 7 y, bajo ésta, la lista de los 7 suplentes. Los nombres estaban tachados, sí, pero bajo el borrón se aprecia claramente que había un nombre escrito. No hay ninguna duda. Irrefutable.

Un incrédulo podría objetar la presencia de los 7 reservas. ¿Cómo se puede ser un Elegido Reserva? O eres Elegido o no, no se puede ser medio Elegido. Estos prejuicios no hacen más que poner de manifiesto la ignorancia de los escépticos. Desconocer los mecanismos por los que algo sucede no significa que no pueda suceder. Cualquiera de los integrantes del muy secreto círculo de magos podría explicar fácilmente el misterio de los Elegidos Reservas pero es una información demasiado IMPORTANTE como para revelársela a cualquiera. (Probablemente se trate de Algo Cuántico)


Por último, antes de irme a disfrutar de la Felicidad Absoluta, me gustaría contar un curioso incidente que, posteriormente, reconocí como una prueba de Fe. Justo después de leer la carta recibí un mail de un lector habitual de este blog. Con tristeza, mientras leía su correo, me di cuenta de que era un incrédulo que lo único que pretendía era que hiciera burla en esta página de algo tan serio como el Instituto de la Felicidad. Por supuesto, he ignorado sus maliciosas intenciones y espero haber tratado el tema en este artículo con toda la seriedad que merece.


Mas importante era que, en el mail, se incluía la carta escaneada. Al comparar su carta con la mía me di cuenta de algo asombroso: los 7 Elegidos y los 7 Reservas de su carta eran distintos a los de la que yo había recibido (a pesar de que los nombres están tachados, las ciudades de residencia no lo están y eran todas distintas) ¿14 Elegidos y 14 Reservas? ¿Cómo es eso posible? Si había 14 Elegidos por país, en toda Europa habría 154 y no 77. Alguien con la mente cuadriculada podría pensar que no salen las cuentas, si los Elegidos son 7, son 7 y punto, no 14. Por supuesto, estas dudas solo asaltaran a los cortos de mente y a los descreídos, para el resto de la gente esto no supondrá ningún misterio; hemos tenido dos milenios para familiarizarnos con la idea de que 3 son 1, ¿por que habría de resultar más extraño que 14 sean 7? El mismo principio que explica la Trinidad, explica también el Misterio de los 14 en 7 (más reservas) o el Misterio de los 154 en 77 (más reservas) Y sí, por si alguien se lo preguntaba, en la solución al Misterio de los Muchos en Pocos está involucrada la poderosa fuerza elemental del cosmos y del universo y unas cuantas Cosas Cuánticas.


Me voy a comprar la lotería.


  1. Los scans de la carta son cortesía de Marcos Andión. ¡¡¡Gracias!!!

  2. Hay muy pocas referencias a von Graatz en la web. Una de ellas, en Fraudalert, lo vincula a un timo en el que decía hablar en nombre del Instituto de Medicina Holística y pedía 75 dólares a los que respondían a su carta.





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domingo 18 de enero de 2009

Las chicas del ayuno

"Cada mañana pienso en una taza de té verde. Ayer me sorprendí recordando el sabor de una sopa de tomate con cilandro… hoy ha sido una tarta Selva Negra y pasteles con sirope de arce y helado y chocolate caliente con malvaviscos"


Estas líneas forman parte de una de las últimas anotaciones del diario personal de Lani Marsha Rosalind Morris, una mujer de 53 años que, en junio de 1998 dejó su casa en Melbourne para acudir a un programa de "respiracionismo" (breatharian) en Brisbane.



El respiracionismo, o inedia, es la creencia en que, siguiendo determinadas técnicas espirituales, el ser humano puede vivir eternamente sin necesidad de ingerir alimentos ni bebidas. Jim Vadim Pesnak y su esposa Eugenia, responsables del tratamiento respiracionista que estaba siguiendo la señora Morris, aseguraban que el cuerpo es una entidad espiritual más que física y que no necesita contaminarse con sustancias materiales como la comida. Ellos eran capaces de enseñar a cualquiera, a cambio de una importante cantidad de dinero, a trascender el mundo terrenal y alcanzar el estado natural del ser humano, el estado espiritual, en el que ya no son necesarias las cadenas que nos atan a la existencia física como comer, beber o incluso dormir.


El entrenamiento respiracionista de los Pesnak constaba de un programa de un mes de duración. Durante este periodo de tiempo los iniciados no debían ingerir ningún tipo de alimento ni bebida. Lani Morris era una víctima perfecta. Crédula e inocente, consumidora habitual de literatura de autoayuda, pensaba sinceramente que podía trascender la realidad física y convertirse en un ente espiritual sin necesidades terrenales. Comenzó a escribir un diario el mismo día que llegó a la casa del matrimonio Pesnak. Conforme iban pasando los días la comida se hacía cada vez más presente en las anotaciones de Morris. No podía pensar en otra cosa. Al final, los textos eran casi ilegibles y se componían en su mayor parte de nombres de alimentos. La última página no contiene palabra alguna, tan solo el dibujo de una espiral.

Después de una semana siguiendo el programa respiracionista, Morris era incapaz de hablar y se caía de la cama. Los siguientes tres días, según declaraciones de Jim Pesnak en el juicio posterior, la mujer se orinaba constantemente en la cama y perdió la movilidad de la parte derecha de su cuerpo. Vomitaba a menudo y unos grumos negros y pegajosos goteaban de sus labios. Después de once días de tratamiento dejó de respirar ya que los grumos llenaban por completo su boca. El señor Pesnak intentó realizarle una traqueotomía casera con un cuchillo pero finalmente aceptó llamar a una ambulancia. Cuando ingresó en el hospital se le diagnosticó derrame cerebral, deshidratación severa, fallo renal y neumonía. Lani Morris fue trasladada a una unidad de cuidados intensivos donde murió siete días después.

En el juicio posterior, el juez Wilson declaró responsables únicos de lo sucedido al matrimonio Pesnak. Según la sentencia, el resto de acólitos respiracionistas actuaban engañados por los Pesnak. Jim y Eugenia Pesnak fueron declarados culpables de homicidio y condenados a las penas máximas que pedía el fiscal para cada uno de ellos.

Cuando en el juicio se le preguntó a Jim Pesnak por qué no había llamado antes al doctor, contestó: Ella [Morris] no estaba sufriendo una enfermedad, sino una "batalla de egos" Mi programa no era un tratamiento médico sino espiritual. Cuando me surgió la duda de si debía llamar a un doctor la respuesta fue instantánea: "No. Confía en Dios"

No comer. Ese es el significado literal en latín de la palabra inedia. En realidad, la habilidad de vivir del aire es tan solo uno más de los superpoderes clásicos de héroes, dioses y santos de diversas mitologías. Tanto hinduistas, como budistas y cristianos cuentan con multitud de casos de inedia en sus textos. El mismo Buda era capaz de pasar varios días meditando sin necesidad de comer o beber. El que parece ser el favorito en todas las apuestas a ser la reencarnación de Buda, Palden Dorje, parece tener la misma habilidad. Entre los santos cristianos también podemos encontrar varios que, aparentemente, han conseguido vivir sin ingerir alimento alguno, excepto la eucaristía.

En la época victoriana, la inedia, hasta entonces patrimonio de santos medievales, reapareció de un modo inesperado y masivo. El espiritismo, y todo lo paranormal en general, eran la diversión de moda en la Inglaterra victoriana. Aparecidos, duendes, hadas, astrología, muertos parlantes, y toda suerte de habilidades misteriosas y seres mitológicos, que parecían haber sido desterrados al mundo de los cuentos por la ilustración, reaparecieron con más fuerza que nunca en los salones de té de Londres a finales del XIX. La inedia, que no es que sea un fenómeno paranormal muy espectacular ni llamativo, fue sin embargo uno de los más exitosos en este resurgir de lo oculto. Multitud de niñas y adolescentes inglesas afirmaban no necesitar el menor sustento material para vivir. Eran tantas que incluso existía una palabra para referirse a ellas, las llamaban las fasting girls. Las chicas en ayuno. Eran una da las atracciones mas visitadas en ferias y circos de lo extraño, también eran habituales en teatros de variedades, donde el mundo del misterio era el centro de la mayoría de espectáculos.


El público que observaba a aquellas chicas a las que se les notaban los huesos veía un misterio insondable, una prueba de la existencia de cosas que no comprendemos, un desafío a la razón... En realidad lo que tenían delante no era más que una niña con anorexia nerviosa a la que probablemente no le quedara mucho tiempo de vida.


Los padres de Sara Jacob, por ejemplo, tenían una mina con su hija. El mismo vicario del pueblo había certificado que su Sara Jacob vivía sin ingerir alimentos. Sara se hizo pronto famosa y la familia Jacob se hizo rica de la noche a la mañana. Lo cierto es que Sara comía, poco pero comía. Sus padres quizá no lo supieran cuando decidieron ofrecer al mundo la prueba definitiva de los poderes de su hija. En 1869 la metieron en una habitación de hospital donde sería vigilada las veinticuatro horas del día. Los padres ordenaron que no se diera ningún alimento a su hija aunque ésta lo pidiera. Bajo la estricta vigilancia a la que estaba sometida, Sara no podía comer a escondidas como había estado haciendo y no tardó en suplicar comida. Sus padres se negaron. Poco después quedó inconsciente y las enfermeras pidieron a los padres permiso para alimentar a Sara. Se negaron. Al día siguiente era evidente que Sara se estaba muriendo y los médicos suplicaron a los padres que les dejaran alimentar a Sara pero éstos se negaron. Sara Jacob murió ese día de hambre. Ni sus padres ni el personal del hospital fueron juzgados por asesinato.


No fue la única, otras fasting girls, como Leonora Eaton, también acabaron muriendo de hambre. Josephine Bedard, en cambio, era bastante más sensata y nunca dejó de comer a escondidas. Mientras estaba poniendo a prueba sus poderes la pillaron robando patatas fritas de la comida del doctor que tenía que vigilarla.

Como todo, la inedia pasó de moda y no se volvió a dar ningún caso notorio hasta el de la mística cristiana Therese Neumann. La aspirante a santa afirmaba que nada, salvo la hostia consagrada, había cruzado sus labios desde 1926 hasta su muerte en 1962. Como vemos en la foto, Therese, quien también tenía llagas en las manos y lloraba sangre, es bastante más rolliza que las fasting girls victorianas. La explicación es fácil, la precavida Therese nunca aceptó someterse a ninguna prueba. Ni siquiera admitía que médicos o investigadores se acercasen a su habitación. El Vaticano todavía no ha aceptado la realidad de sus milagros, pero están en ello.


Como en la época victoriana, en el siglo XX también se dio un periodo de fertilidad extraordinaria para todo lo paranormal. Fue en los años sesenta y se llamó, sí, New Age. La inedia reapareció de nuevo con fuerza entre toda una serie de gurús que afirmaban que todo lo terrenal es malvado y que se llaman a si mismos respiracionistas. Siguiendo sus métodos, cualquiera puede aprender a ser un ente completamente espiritual y vivir de la brana o de la luz líquida, que es como llaman a la sustancia que nutre nuestro yo etéreo o lo que sea. Desgraciadamente, para alcanzar este estado superior y trascender la materia debemos desembolsar una importante y muy terrenal cantidad de dinero.


La última y más importante de las respiracionistas es la australiana Ellen Green, también conocida como Jasmuheen. Jasmuheen decía al principio no necesitar más que la brana para sustentarse, aunque en declaraciones posteriores admitió “tomar de vez en cuando un té de hierbas” Es autora de varios libros con títulos como “Vivir de la luz”(por éste ganó un premio Ig Nobel de literatura en 2000), “El Programa Prana” o “El alimento de los dioses” y toda una celebridad entre los respiracionistas.

Cuando un grupo de periodistas acudió a casa de Jasmuheen para grabar un reportaje sobre sus habilidades, uno de ellos tuvo la brillante idea de abrir la nevera de la mística. Estaba hasta los topes y no precisamente de brana. En el 2006 el programa de televisión 60 minutos ofreció a la señora Green la oportunidad de mostrar al mundo sus poderes en directo. La idea era que un equipo del programa mantuviera vigilada permanentemente a Jasmuheen, los cámaras grabarían cada minuto para que no hubiera posibilidad de fraude. A las cuarenta y ocho horas de comenzar, Ellen Green tenía síntomas claros de deshidratación. Ella acusó a la contaminación atmosférica de interferir con la brana y privarla de su ración diaria de luz líquida. No explicó como algo tan material como la contaminación puede interferir con la etérea brana, sin embargo los productores del programa accedieron a trasladar el lugar de la prueba a una casa en mitad del campo. De nuevo, cuarenta y ocho horas después del traslado, Jasmuheen presentaba síntomas claros de deshidratación y los médicos pararon la prueba.

Jasmuheen sostiene que el hombre es un ser de espíritu no de materia y que el hambre no es más que una mentira que los mass media han introducido en nuestras cabezas(sic). Estoy seguro de que un programa de televisión consistente en llevar a la señora Green a ciertos lugares de África a decir a ciertas personas que su hambre no es mas que una mentira de los mass media hubiera tenido mucho más éxito. Cuando se le ha preguntado sobre las muertes de personas que han seguido sus técnicas respiracionistas Jasmuhenn se ha limitado a contestar que la causa de la muerte no es el respiracionismo sino la falta de preparación. Sobre Lani Morris, la mujer que escribió las líneas con las que comienza el árticulo, se limitó a decir: “quizá no tuviera la motivación adecuada


http://en.wikipedia.org/wiki/Jasmuheen

http://en.wikipedia.org/wiki/Ram_Bahadur_Bomjon#Feats_of_Inedia

http://en.wikipedia.org/wiki/Therese_Neumann

http://home.iae.nl/users/lightnet/health/breatharianslinks.htm

http://www.randi.org/jr/122603li.html

http://skepdic.com/news/newsletter34.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Fasting_girls

http://www.rickross.com/groups/breat.html

http://skepdic.com/inedia.html



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martes 23 de diciembre de 2008

El chico amarillo

A la memoría de Paul Newman



Nunca he timado a un hombre honesto, solo a granujas. Ellos querían algo a cambio de nada y yo les daba nada a cambio de algo.

Joseph “Yellow Kid” Weil


Artículo con banda sonora. Se recomienda escuchar el tema “The Entertainer” de Scott Joplin durante su lectura.




Los estafadores han sido los principales protagonistas de este blog desde que comenzó su andadura hace poco más de un año por lo que he pensado que ya iba siendo hora de dedicarle un artículo al que quizá haya sido el más grande timador de todos los tiempos. Un auténtico artesano del noble oficio de la estafa. Joseph Chico Amarillo Weil.

Ahora que los timos y estafas por parte de políticos, banqueros y especuladores están a la orden del día no está de más recordar una clase de estafa bien distinta. En este tipo de timos no se pretende desplumar a cientos de familias de golpe o dejar sin blanca a un puñado de inversores. Al contrario, es suficiente con una sola víctima. Tampoco la buena fe forma parte de esta historia. La buena voluntad es el peor enemigo de este tipo de golpes, la víctima debe creer que ella misma es cómplice del timo. El estafado tiene que creerse estafador y cuanto mas ambicioso sea mejor.


Pero empecemos por el principio.



Weil comenzó su andadura en el mundo de la estafa con un auténtico clásico: los remedios milagrosos. Nacido en Chicago, pronto fue un habitual de las ferias y circos. Allí ofrecía sus crecepelos maravillosos y otros tónicos capaces de curar cualquier dolencia. Este timo, habitual hoy en día hasta en la teletienda, no tardó en aburrir a Weil. Quizá la razón fuera la naturaleza de esta estafa, en la que lo principal es aprovecharse de la inocencia de la víctima, lo que le llevó por otros caminos. En sus memorias confesó que cada una de sus víctimas tenía un timador en su interior y echando un vistazo a sus golpes más famosos comprobamos que no le faltaba razón.


¿Ha visto usted a mi perro?

Un bar cualquiera en Chicago. Principios de siglo. El camarero atiende a los clientes, limpia la barra y da conversación a los borrachos cuando un extraño personaje cruza la puerta. Tiene cara de preocupación y, lo que es peor, de querer compartir esa preocupación con alguien. Resignado, asumiendo que gran parte de su trabajo consiste en escuchar las penas de otros, el camarero se acerca dispuesto a atender al nuevo cliente. El extraño resulta tener acento extranjero y tras un par de cervezas confiesa la causa de su desgracia. Ha perdido su perro hoy mismo. Pero no un perro cualquiera, no. Ha perdido un Saulsazer Atigrado (o algo así) de pura raza, uno de los pocos que quedan. Se le escapó hace unas horas por el barrio y todavía no ha podido dar con él. El hombre, entre sollozos, habla maravillas de su mascota. En Europa es considerado un perro de aristócratas, solo la creme de la creme puede permitirse tener uno de ellos. El camarero sospecha que quizá tenga ante él a un noble europeo y comienza a interesarse por la conversación, quizá incluso invite al extraño a un par de copas. Antes de irse, el extranjero hace una descripción detallada del animal y pide al camarero que pregunte por él a sus clientes. Ese perro es irremplazable y está dispuesto a pagar quinientos dólares a quien le ayude a recuperarlo. El extraño promete volver al día siguiente para ver si hay alguna noticia sobre su valioso Saulsazer.


Horas después, ese mismo día, un nuevo cliente entra en el bar. El tipo es la afabilidad en persona. Con una sonrisa de oreja y un tono de voz que inspira confianza parece la clase de persona a la que dejarías al cuidado de tus hijos o el vecino al que darías una copia de la llave de tu casa. Es Joseph Weil.


-¡Mire que suerte he tenido! -dice el nuevo cliente tras sentarse y pedir una copa-. Acabo de encontrar este perro vagando a un par de calles de aquí. Y debe ser un buen perro pues tenía collar y todo.


El camarero no da crédito a lo que ve. ¡Es el Saulsazer Atigrado! La verdad es que a él le parece un vulgar chucho callejero pero no cabe duda de que su descripción coincide exactamente con la que le hizo el extraño aristócrata.

El camarero, inmediatamente, inventa alguna excusa que justifique su interés en el animal. “La verdad es que vivo solo y no me haría mal un poco de compañía. Le pagaré cien dolares por el perro”, por ejemplo.


  • Pues lo cierto es que, en poco tiempo, ya he cogido cariño a este animal. Me daría pena deshacerme de él- responde Weil mientras acaricia la cabeza del Saulsazer.


  • Que sean doscientos dólares entonces- contesta el camarero.


La historia siempre acababa del mismo modo. Con Weil y su gancho embolsándose un gran fajo de dólares y con un camarero que creía haber hecho el negocio del siglo y que había pagado un pastón por un perro callejero como los que veía cada vez que sacaba la basura.

Con timos menores como éste Weil fue haciendo carrera en los bajos fondos de Chicago. Pronto conoció a otros estafadores con los que se asociaba a menudo como Frank Hogan, con quien formó pareja en 1903. Esta asociación es el origen del mote con el que es conocido Weil. Yellow Kid era un famoso personaje de comic norteamericano a quien siempre acompañaba su amigo Frank Hogan. Pero Weil no solo era famoso entre los estafadores. A medida que sus timos iban volviéndose más elaborados Weil necesitaba de una gran cantidad de mano de obra. Se hizo amigo de rateros, prostitutas, carteristas, jugadores profesionales, mendigos... Todos conocían a Weil y estaban más que dispuestos a participar en sus montajes. Después de todo era una forma bastante divertida de ganar dinero y los planes de Weil raras veces fallaban.



Invierta en tierra

Si la gente aprendiera -aunque dudo que suceda- que es imposible obtener algo a cambio de nada, el crimen desaparecería y todos viviríamos en armonía.

Joseph Weil


En algún selecto café un adinerado caballero observa como dos hombres de negocios se sientan en la mesa contigua a la suya. En cuanto llegan a sus oídos frases como “ganancia asegurada” o “negocio del siglo”, el honrado millonario comienza a interesarse por la conversación que está teniendo lugar a su lado.


Al parecer, el banco ha expropiado las tierras que un pobre diablo tenía en Indiana por impago de deudas y las ha sacado a la venta por 50.000$. Pero lo interesante es que esos terrenos, aunque el banco no lo sepa, tienen un valor cien veces mayor. Uno de los dos tipos que hay a su lado es geólogo y tiene información de primera mano sobre lo que hay bajo ese suelo.


  • Cuando trabajaba para la Standard Oil Company me encargaron que evaluara esos terrenos para una posible compra -está diciendo el geólogo a su acompañante-. ¡Aquello es una enorme bolsa de petroleo! Oculté esa información a la compañía pues ya entonces el dueño de las tierras estaba en bancarrota y sabía que podría hacerme con ellas a precio de ganga si esperaba un poco. Era una oportunidad única de ganar millones de dólares.

  • ¿Y qué pasó? ¿Cómo es que no eres el nuevo Rockefeller? -pregunta el otro tipo.

  • Ya sabes que pasó. Perdí mi empleo antes de poder reunir los malditos 50.000 dólares.

El millonario espera ansioso a que a alguno de los dos se le escape el nombre del banco que vende los terrenos pero no hay forma. Finalmente decide intervenir en la conversación.


  • Perdone, caballero, pero no he podido evitar escuchar la conversación que estaba manteniendo con su amigo. Quizá si me aceptara como socio capitalista ambos podríamos repartirnos la propiedad en cuestión. Yo podría disponer con facilidad del dinero necesario.


El geólogo tras muchas dudas y preguntas acaba aceptando la oferta. Por supuesto no le dice al millonario donde se encuentra el banco sino que se ofrece a acompañarlo él mismo a cambio de figurar en la escritura de propiedad. Parece un trato justo, uno pone la información y otro el capital, así que se encaminan hacia la oficina bancaria donde poder comprar los terrenos bañados en petroleo.


Una vez allí todo sucede con normalidad. El banco se encuentra situado en un espacioso local y parece bastante próspero. Hay multitud de cajeras atareadas atendiendo a los numerosos clientes, pero no importa, no tienen que hacer cola porque es el mismo director bancario quien se encarga de cerrar el trato.


  • En efecto, la propiedad que mencionan está en venta por esa cantidad pero... ¿está seguro de querer invertir en un secarral sin valor?

  • Sí, sí, usted háganos una escritura de propiedad a nombre de los dos y no se preocupe -dice el millonario con una sonrisa y dando un codazo cómplice al geólogo-. Aquí tiene los 50.000 dólares.


Una vez fuera ambos acuerdan quedar al día siguiente para planificar como venderán la propiedad por cien veces más de lo que les ha costado a alguna compañía petrolera. Habrá que hacer prospecciones, consultar con otros geólogos... Quizá hasta consigan más dinero del que esperaban. Con un abrazo ambos hombres se despiden... Y nunca más vuelven a encontrarse.


El feliz socio capitalista no tarda más que unos días en descubrir que no hay rastro del geólogo, ni de nadie con su nombre, por ningún lado. La propiedad no existe y la escritura no es más que una falsificación. Si decide acudir al banco donde se cerró el trato descubrirá un local vacío, sin rastro de cajeras, ni clientes, ni nada que recuerde a una sucursal bancaria.


Weil, que lo mismo hacia de banquero que de geólogo cuando llevaba a cabo esta estafa, lo había planeado todo a la perfección. Se alquilaba un local y se decoraba superficialmente para parecerse a una oficina bancaria. Las cajeras eran todas prostitutas y los clientes mendigos o carteristas. En ocasiones incluso contrataba compañías de teatro amateur para que todo quedara más creíble. En cuanto el millonario doblaba la esquina todo el tinglado era desmontado, cada uno de los participantes cobraba su parte del botín y desaparecían hasta que las cosas se calmasen. O hasta el próximo golpe.

El golpe

Pensaba acabar este artículo relatando la más famosa estafa de Joseph Weil pero no voy a hacerlo. No hay mejor descripción de ese timo que la que el director George Roy Hill y el escritor David S. Ward hicieron en 1973. Quien haya visto “The Sting” ya sabe de que hablo y quien no ya está tardando en alquilar/comprar/descargar esa gran película.


Joe Yellow Kid Weil murió en 1975 a la edad de cien años.


¡FELICES FIESTAS A TODOS!



Innes, Brian, Fakes &Forgueries, 2007

Weil, Joseph, The Con Game and "Yellow Kid" Weil,

http://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_Weil

http://www.nationmaster.com/encyclopedia/Joseph-Weil


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domingo 30 de noviembre de 2008

El mono número cien

Esta historia trata de monos. De monos y de conciencia colectiva pero, sobre todo, de monos. Comenzó hace medio siglo en una pequeña isla del sur de Japón. Allí, ante los ojos de un grupo de científicos, tuvo lugar un suceso extraordinario.

El macaco de cara roja, o mono de las nieves, es el único primate autóctono de Japón. Su frondoso pelaje le aísla del frío y le permite vivir en hábitats de montaña situados a gran altitud. Esto, unido a su afición a nadar por mar abierto, ha permitido al macaco japonés colonizar un gran número de islas del archipiélago y ocupar una variedad inusual de nichos ecológicos, desde la frondosa selva hasta las nevadas cimas de las montañas. Forman grupos de hasta medio millar de individuos y son conocidos, sobre todo, por su costumbre de darse relajantes baños en las fuentes de aguas termales. La imagen de un puñado de macacos metidos en una humeante charca en medio de la nieve es un clásico de los documentales de naturaleza.



Otra de las características a destacar de estos monos es su gran inteligencia. Están entre los primates más inteligentes. Este hecho es clave para entender la historia de los cien monos.

En la década de los cincuenta un equipo de científicos japoneses estudiaba una comunidad de macacos de cara roja en la isla de Koshima, en el sur del archipiélago japonés. Los investigadores, de vez en cuando, ofrecían fruta y otros alimentos a los monos. Un día, uno de los científicos dio una patata llena de tierra a uno de los macacos. No se sabe si por accidente o de forma intencionada la patata acabó en un charco de agua de mar. Al recuperar su regalo el macaco descubrió que el agua no solo había limpiado toda la tierra que recubría el tubérculo sino que también le había otorgado un sabor salado que lo hacía mucho más apetitoso. Desde ese día, cada vez que los científicos daban una patata a ese mono ocurría lo mismo. El animal corría hasta la orilla del mar y la lavaba a conciencia hasta que no tenía ni rastro de tierra. Luego, orgulloso de su descubrimiento, se zampaba la salada patata.


Pero fue al cabo de unos días cuando los científicos descubrieron algo mucho más asombroso. Al recibir sus regalos, eran varios los monos que cogían las patatas y se iban al mar a lavarlas. Al parecer, el descubridor de tan novedosa receta culinaria en el mundo de los monos había enseñado su técnica a algunos vecinos. Estos, a su vez, se la enseñaron a otros monos. Pronto, el lavar las patatas en agua de mar se convirtió en algo habitual en la colonia de monos.


Los científicos estaban maravillados. Si bien no es algo extraordinario entre los animales que un individuo enseñe a otro conocimientos adquiridos (cultura) si que es algo bastante raro. Que yo sepa existen al menos otras tres especies entre las que la transmisión cultural es habitual: el chimpancé, el bonobo y el ser humano; y es probable que también se dé el caso entre lobos y delfines (¿algún biólogo en la sala?).


Pero lo mejor estaba por llegar. Un suceso realmente único y extraordinario. Como he dicho la técnica de lavado de patatas descubierta por el macaco número uno pronto fue extendiéndose por toda la población. Hasta que el macaco número cien aprendió a lavar patatas. En ese momento se obró el milagro. De repente, y sin ningún tipo de enseñanza por parte de un colega, todos los macacos de cara roja aprendieron a lavar patatas. No me refiero a todos los macacos del grupo sino literalmente a todos los macacos de cara roja. Poblaciones de macacos situadas en la otra punta de la isla, incluso poblaciones de otras islas, adoptaron de la noche a la mañana la técnica del primer macaco.

Al llegar al macaco número cien, los monos, cual plutonio, habían alcanzado una especie de masa crítica mental y la idea se había instalado por arte de magia en las mentes de todos los miembros de la especie. Era una prueba irrefutable, ya que había un montón de científicos de testigos, de la existencia de la conciencia colectiva.


Como es lógico, la mayor parte de esta historia es mentira.


Suele ser bastante difícil seguir el rastro a una leyenda urbana hasta descubrir como se originó pero este caso es una excepción. La mentira de los cien monos tuvo un comienzo bastante marginal y, poco a poco, se fue abriendo paso hasta convertirse en un hecho probado para multitud de personas. La primera mención al fenómeno la encontramos en el libro de 1975 Rhythms of Vision: The Changing Patterns of Belief escrito por Lawrence Blair, un autor de tercera fila seguidor de las corrientes New Age. En esta primera versión ya encontramos todos los elementos de la historia: la isla japonesa, los científicos, las patatas y el macaco número cien que desencadena la mente colmena monesca. Cuatro años después volvemos a encontrar la misma historia, contada de forma idéntica, en el libro Lifetide: a Biology of the Unconscious” de Lyall Watson. Watson es un conocido autor de libros New Age, incluso ha participado en la realización de documentales para la BBC. Con su libro, la historia de los cien macacos recibió un importante impulso.

Pero fue en 1982 cuando la mentira alcanzó el estatus de noticia. Ese año se publicó el libro “The Hundredth Monkey” de Ken Keyes. Keyes era una especie de Danielle Steel de la Nueva Era. Especializado en temas de autoayuda y crecimiento personal sus libros solían estar entre las listas de los más vendidos. Tras el libro del gurú Keyes, la leyenda pasó a formar parte de forma oficial de la mitología New Age. Es citada de forma recurrente cuando se tratan temas como el poder de la mente o la percepción extrasensorial. El showman (aunque el se denomina científico) Rupert Sheldrake ha esgrimido el fenómeno de los cien monos como defensa de su teoría de los Campos Mórficos y de la existencia de la telepatía.

En este caso no es complicado probar la falsedad del mito. Elaine Myers y Michael Shermer acudieron a los archivos de la revista Primates, donde fueron publicadas las investigaciones originales, para descubrir que había sucedido en realidad en la isla de Koshima.


Nada más empezar encontraron el primer error. No eran patatas sino batatas lo que los científicos regalaban a los monos. No es un fallo significativo pero no importa, solo es el primero. En 1952 fue observado el primer macaco lavando las batatas en el mar. En 1962, diez años después, el número de monos que tenían esta costumbre era de treinta y seis. Podemos observar como, lejos de la explosión de cultura hasta alcanzar la masa crítica, el habito de lavar batatas fue extendiéndose de forma bastante gradual. Los científicos describen como la costumbre es enseñada por los monos adultos y aprendida por los jóvenes. El aprendizaje por parte de los adultos era muy escaso por lo que la costumbre iba generalizándose cuando unas generaciones sustituían a otras, de forma bastante lenta.


¿Y los monos de otras islas? Es cierto que en otras islas, años después, fue observado el mismo fenómeno cuando otros grupos de investigadores daban batatas a los monos. A esto podemos dar, como mínimo, tres explicaciones:


a) Tal y como hizo el primer mono, otros monos en otras islas podrían haber descubierto el fenómeno por su cuenta y difundido el hábito entre sus compañeros. Después de todo estamos hablando de una de las especies animales más inteligentes y lavar una batata no es que sea resolver una ecuación de tercer grado (sin desmerecer a los macacos)


b) Los macacos de cara roja son bastante viajeros. Incluso marineros. Con relativa frecuencia se observa como los macacos nadan de una isla a otra. Ya sea en solitario o en grupo usando maderos y troncos a modo de balsa, los monos de las diferentes islas mezclan sus poblaciones a menudo. Con que uno solo de los viajeros tuviera el hábito de lavar patatas habría bastado para enseñar la técnica a las nuevas generaciones de otra colonia de monos. Auténtico mestizaje cultural macaco.


c) La explicación del mono número cien.


Tenemos al menos dos explicaciones mundanas para un fenómeno que resuelven el problema sin recurrir a lo paranormal. ¿Para qué necesitamos la tercera explicación? Incluye elementos sobrenaturales, datos falsos y plantea muchísimas más preguntas de las que responde.


Por supuesto, la tercera explicación es la que ha alcanzado notoriedad y la que mas literatura ha generado. Contiene un elemento clave que la hace muy atractiva a las corrientes New Age: la utilidad del no hacer nada. El fenómeno del mono número cien ha sido usado como soporte para los experimentos en los que se pretendía bajar los indices de criminalidad rezando y pensando de forma positiva. ¿Para que mover el culo y resolver un problema si lo único que hace falta es concentrarse, sonreír y tener buen rollo? Tras la defensa del poder de la mente lo único que se esconde es un deseo de no usar el poder del cuerpo. La toma de conciencia (expresión que cuanto más popular se hace menos entiendo) está cada día más sobrevalorada.



El efecto del centésimo mono (Wikipedia, inglés)


Shermer, Michael, Por qué creemos en cosas raras, pp 58-60 1997 (En el primer capítulo, Shermer hace un magnífico análisis del fenómeno)


Carroll, Robert Todd, The Skeptic´s Dictionary, pp 165 y 166, 2003



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lunes 17 de noviembre de 2008

Sexismo oral

Sexo, lengua, estudios de género y otras imposturas, 3


En el último ranking del Foro Económico Mundial sobre igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres España ha caído siete puestos. Del décimo lugar hemos pasado al decimoséptimo. Y esta posición es engañosa. Es demasiado optimista. Que España se encuentre entre los veinte países con mayor igualdad sexual se debe principalmente al número de ministras y a la aprobación de leyes de igualdad, pero no a la eficacia de esas leyes. Esa posición no hace justicia a la situación real de las mujeres. Si tenemos en cuenta solo la igualdad salarial, el último escollo a superar para lograr la igualdad total en occidente, nos encontramos con que España ocupa la posición número 124, por detrás de los Emiratos Árabes (puesto 40), Surinam (puesto 101) o Zimbawe (puesto 34)


La causa de este fracaso no es difícil de encontrar. A pesar del esfuerzo derrochado en prohibir anuncios, hacer estudios sobre el machismo en los videojuegos, en la televisión, en la literatura y hasta en los edificios, resulta que en asuntos reales e importantes estamos al nivel del tercer mundo. Creo que fue Richard Feynman quien dijo que ninguna tecnología exitosa podía basarse en las teorías erróneas. En los dos artículos anteriores he hablado sobre la precaria (siendo amables) base intelectual que sustenta los estudios de género. No es de extrañar que la puesta en práctica de esas teorías resulte ser un fracaso absoluto.


Un ejemplo claro de como el feminismo de género se equivoca en la teoría y se equivoca en la práctica lo encontramos en su reivindicación estrella: la erradicación del sexismo en el lenguaje, encarnado en el malvado masculino genérico.


No creo que sea discutible que el habitual masculino genérico que encontramos en las lenguas romances tuvo un origen sexista. La elección del sexo masculino y no el femenino para designar la generalidad debió obedecer a un claro desequilibrio de poder en favor del varón. La pregunta es: ¿sigue el masculino genérico conservando algún tipo de carga sexista? ¿Perjudica en algún modo a la igualdad plena entre hombres y mujeres? Quien así lo crea debería presentar las pruebas que le llevan a estas conclusiones ya que hasta ahora nadie las ha encontrado.


Si no nos nombran no existimos” reza una campaña del Instituto de la Mujer contra el masculino genérico. De lo que se deduce que millones de mujeres deben su existencia a las campañas contra el lenguaje sexista. Habría que recordar a estas falsas feministas que grandísimas escritoras, artistas, científicas o políticas han gozado de una relativamente corpórea existencia a pesar del masculino genérico. Algunas, como en el caso de las escritoras, han existido incluso usando, con gran maestría, el masculino genérico en sus obras.


Si hay algo que ha caracterizado las campañas contra el masculino genérico ha sido que todas han fracasado estrepitosamente. La obsesión con que el uso del masculino es un agravio contra las mujeres ha impedido que las promotoras de estas campañas se dieran cuenta de que, antes que machista, el masculino genérico es cómodo. ¿Quien puede prescindir de un vosotros o un nosotros? Ni la más acérrima defensora de la igualdad en el lenguaje puede asegurar que no usa a diario el masculino genérico sin darse cuenta de ello. Y no está siendo machista ni negando la existencia a las mujeres por ello.


Y cuando todas estas campañas en contra de un supuesto lenguaje sexista fracasan, el feminismo de escaparate le echa las culpas a su malvado enemigo: la RAE. Cuando, no nos engañemos, la RAE ni pincha, ni corta, ni debería hacerlo. No es un símil muy original el que voy a usar pero es el que más se ajusta a la realidad. Las lenguas están vivas. El lenguaje de la gente será el que a la gente le dé por usar en un determinado momento, por más que intenten impedirlo RAEs o Institutos de la Mujer. A lo mejor el castellano acaba evolucionando y convirtiéndose en una lengua completamente neutra, como el marain de las novelas de Ian Banks. Algo así podría suceder, las lenguas cambian, pero lo que está claro es que ni la RAE podría impedir que sucediera tal cosa, ni el Ministerio de Igualdad podría forzar ese cambio.


Personalmente no creo que un cambio así pueda darse a corto plazo. Si algo funciona la gente tiende a seguir usándolo. Sobretodo teniendo en cuenta las horrorosas alternativas. De la @ mejor no hablar. Un texto que usa arrobas y no es un correo electrónico no merece ser leído. El uso de la terminación doble separada por una barra (alumnos\as) solo tiene sentido en formularios y similares. Y la duplicación de términos simplemente es absurda. Nadie usa dos palabras cuando con una puede decir lo mismo. Por supuesto que en ocasiones el uso del masculino genérico puede dar lugar a error, es lógico, pero el lenguaje ofrece suficientes recursos para salvar esas situaciones y la confusión no es habitual. La mayor parte de las veces, simplemente, el masculino genérico funciona bastante bien y lo usamos sin ser conscientes de ello.


Pero supongamos que los Estudios de Género tienen razón. Supongamos que el masculino hace que nuestra representación mental de la realidad esté despoblada de mujeres y que todos los que lo usan acaban pensando como malvados falócratas. Aun en ese caso, el feminismo de género seguiría errando al aportar soluciones. Son los cambios en la sociedad los que hacen cambiar el lenguaje y no al contrario. Es la cultura la que dota de significado a las palabras y no éstas últimas las que moldean la cultura. Pensemos en los eufemismos. Tullido, paralítico, lisiado, inválido, minusválido, discapacitado, persona dependiente... Todos estos términos han ido usándose a lo largo del tiempo, siendo sustituidos “oficialmente” cada vez que adquirían connotaciones negativas. No recuerdo cual es el políticamente correcto esta temporada pero apuesto a que no durará mucho. La gente no puede evitar cargar negativamente una palabra que describe algo que uno nunca querría que le sucediese. Y eso, que no tiene nada en absoluto que ver con la discriminación, no va a cambiar por más veces que se cambie la palabra. No se moldea a la gente cambiando el lenguaje, sobretodo porque la gente, la mayor parte del tiempo, habla como le da la gana.

Visto que el Instituto de la Mujer se basa en teorías dudosas para detectar el sexismo y ofrece soluciones imposibles a problemas inexistentes, cabría preguntarse si no es el momento de que la causa de la mujer recupere un feminismo a la altura de las circunstancias. España está a la cabeza en igualdad educativa, sanitaria y de acceso al mundo laboral. Pero estos logros se consiguieron durante la década de los ochenta y han crecido desde entonces de forma constante. El último desafío importante al que debía enfrentarse el feminismo en España era la igualdad salarial. Y ha fracasado estrepitosamente.


La brecha salarial entre hombres y mujeres que desempeñan el mismo oficio es en España de las mayores del mundo. Esa es la realidad, pero el Instituto de la Mujer ha decidido que es mucho mejor invertir en propaganda que en realidad. Se financian estudios demenciales y se hacen afirmaciones contundentes sin apoyarse en una base científica de ningún tipo. Es un feminismo de salón, lejos de sus orígenes combativos, que se dedica a discutir sobre cosas que no interesan lo más mínimo a nadie y no mueve un dedo para solucionar los problemas reales.


Lo peor de todo es que esa obsesión por buscar sexismo en todas partes está comenzando a parecerse bastante a una caza de brujas. Cuando absolutamente todo (anuncios, palabras, libros, películas, series, ¡edificios!) es examinado con lupa en busca de sexismo que denunciar se acaba inventando discriminación allí donde no la hay y olvidándose de la real. Los estudios financiados por este feminismo no están diseñados para buscar sexismo, están diseñados para encontrarlo. Y si no lo hay, se inventa.


En los comentarios del artículo anterior, Orayo enlazó un estudio sobre el sexismo en los videojuegos. El videojuego Lemmings, donde el jugador ha de evitar que decenas de asexuados y diminutos lemmings se suiciden, es acusado de sexista ya que los oficios que estos desempeñan son masculinos. Los lemmings pueden ser constructores, paracaidistas, carpinteros o ingenieros. ¿Consideran los autores del estudio que esos oficios son masculinos? Eso sí es sexismo, no el videojuego.


No solo se encuentra sexismo allí donde no existe sino que es denunciado allí donde debe haberlo. Los videojuegos de la saga GTA son presentados como si hubieran sido hechos por el mismísimo diablo. Se olvida en este estudio que esos juegos pertenecen al género negro. Un género que se caracteriza por sus personajes al margen de la ley. Un género para adultos poblado de atracadores, asesinos, psicópatas y todo tipo de delincuentes. Y se pone el grito en el cielo por que los personajes son machistas... Es ficción, con personajes de ficción y situaciones de ficción. Cuando el comportamiento machista de personajes de obras ficticias, sean libros, películas o videojuegos, es denunciado hemos perdido el norte por completo.


Por último, una curiosa coincidencia. Este feminismo impostor se asocia, por desgracia, a los movimientos de izquierdas por eso sus defensores probablemente desconozcan que tienen unos aliados inesperados que usan sus mismos argumentos. Comparemos:


El masculino genérico para referirse a las mujeres debe dejar de ser empleado pues daña la realidad social misma de las mujeres”

El término matrimonio para referirse a las familias homosexuales debe dejar de ser empleado pues daña la realidad social misma de la familia”


La estupidez, más que la política, hace extraños compañeros de cama.



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domingo 26 de octubre de 2008

Estupideces

Sexo, lengua, estudios de género y otras imposturas, 2


Primera parte aquí.



Algo malo le sucedió a las ciencias sociales en Europa a finales de los sesenta. Algo muy, muy malo. Algo raro y malo. Ante el asombro de sus colegas de otras disciplinas, un buen número de psicólogos, sociólogos y antropólogos comenzaron de pronto a decir estupideces y sinsentidos. La posmodernidad había tomado las universidades.


Y no, no uso el término de forma provocativa o para ser hiriente. Uso la palabra estupideces porque, como se podrá comprobar más adelante, es la expresión que con mayor precisión describe lo que salía de sus plumas. Quiero dejar claro que no tengo nada en contra del posmodernismo como movimiento literario o artístico. Al contrario, me parece perfecta la subversión que supuso. Lo que quiero demostrar en este artículo es que el posmodernismo, aplicado al ámbito académico, fue un golpe casi mortal a las ciencias sociales del que todavía se están recuperando. Y en algunos casos, como en el de los estudios de género o de la mujer, no se han recuperado en absoluto.


De repente, sobretodo tras 1968, un montón de profesionales que llevaban décadas luchando por que su estatus en ciencia se equiparara al de los científicos puros empezaron a renegar del método científico y a llevar a cabo sus estudios e investigaciones como si de análisis literarios se tratara. Cuanto mayor era el sinsentido en sus publicaciones, más fama cosechaban (véase Lacan o Derrida). Prescindiendo de un referente real, sus estudios estaban plagados de citas y notas al pie que mentaban a otros colegas, que a su vez citaban a los citadores. Como dije en el anterior artículo, su análisis se reducía a un circuito cerrado de referencias, al margen del método o de cualquier disciplina seria. Era un mundo académico aparte que, en lugar de estudiar la realidad, se estudiaba a si mismo. Cualquiera podía decir la tontería que le viniese en gana siempre que tuviera un montón de notas al pie, una bibliografía más extensa que el propio texto y estuviera escrita en el lenguaje mas farragoso y confuso posible.

Antes de seguir conviene dejar claro que se entiende por posmodernismo. Aunque estamos hablando de multitud de corrientes de pensamientos distintas, e incluso opuestas, todas tienen suficientes características en común como para justificar su agrupamiento bajo el término posmodernismo. Marvin Harris hace un resumen de estos rasgos comunes en Teorías sobre la cultura en la era posmoderna:

De las numerosas fibras que componen el posmodernismo, la más notoria y destacada es el descrédito de la ciencia y la tecnología occidentales. Entre las demás fibras que corren paralelas a este nervio central figuran:

  • La representación de la vida social como un texto

  • La elevación del texto y el lenguaje al rango de fenómenos fundamentales de la existencia

  • La aplicación del análisis literario a todos los fenómenos

  • El cuestionamiento de la realidad y de la idoneidad del lenguaje para describir la realidad

  • El desdén o el rechazo del método

  • El rechazo de las teorías generales

  • La prioridad concedida a las relaciones de poder y a la hegemonía cultural

  • El rechazo de las instituciones y logros occidentales

  • Un relativismo radical y cierta propensión al nihilismo”


Yo añadiría el uso a conciencia de un lenguaje farragoso y confuso para dotar de apariencia culta unos textos vacíos y la autocita. Pero vamos, que por mucho que se las den de sesudos intelectuales sus defensores, el posmodernismo no es más que un New Age a la europea, donde lo literario sustituye a lo místico.


Veamos un par de ejemplos. Primero, Jacques Lacan. Junto con Derrida, Lacan es una de las figuras más importantes del posmodernismo. Es famoso por su revisión del psicoanálisis mediante las matemáticas. Pero que nadie se haga ilusiones. Lacan usaba las matemáticas sin el menor sentido y sin venir a cuento. Tenía una especie de teoría geométrica de los trastornos mentales que es absolutamente delirante. Su relación con el feminismo fue de amor odio. Por un lado fue bastante influyente y su frase “La mujer no existe” ha sido citada hasta la saciedad. Pero por otro nunca pudo quitarse el estigma de falócrata por su defensa del psicoanálisis.


Dejemos que Lacan se exprese por si mismo:


Denominamos aquí el punto que cubre la imposibilidad de la relación sexual como tal. El goce, en tanto que sexual, es fálico, es decir, no se relaciona con el Otro en cuanto tal.

Sigamos aquí el complemento de está hipótesis de compacidad.

La topología que califiqué de más reciente, partiendo de una lógica construida sobre la interrogación del número, que conduce a la institución de un lugar que no es de un espacio homogéneo, nos proporciona una fórmula. Tomemos el mismo espacio acotado, cerrado, que se supone instituido, el equivalente de lo que hace poco establecí como intersección que se extiende hasta el infinito. Si lo suponemos recubierto de conjuntos abiertos, es decir, que excluyen su límite -para darles una imagen rápida, el límite es lo que se define como algo más grande que un punto, más pequeño que otro, pero en ningún caso igual ni al punto de partida ni al punto de llegada- se demuestra que es equivalente decir que el conjunto de esos espacios abiertos abiertos permite siempre un subrecubrimiento de espacios abiertos, que constituye una finitud, o sea, que la serie de los elementos constituye una serie finita.”

Es así como el órgano eréctil viene a significar el lugar del goce, no en sí mismo, ni siquiera en forma de imagen, sino como parte que falta en la imagen deseada: de ahí que sea equivalente a al √-1 del significado obtenido más arriba, del goce que restituye, a través del coeficiente de su enunciado, a la función de falta de significante: (-1)”


Espero que a estas alturas se entienda el por qué del título del artículo. Al leer algo así uno se pregunta como el autor de semejante sarta de tonterías sin sentido alguno pudo ser una figura destacada de movimiento alguno. Es difícil imaginar como se puede citar a este autor, o prestarle la más mínima atención siquiera, después de decir cosas como que el órgano eréctil es equivalente a √-1. ¿Qué sentido tiene eso?


Ahora veamos a una de las más influyentes feministas del posmodernismo. Luce Irigaray. Irigaray fue discípula de los dos grandes, Derrida y Lacan, aunque en su publicación más famosa, “El espejo de la otra mujer”, se desmarcaba de este último y se decantaba por el feminismo de la diferencia (ver artículo anterior). También fue la primera y más firme defensora de las teorías del lenguaje sexista. Junto a Julia Kristeva y Hélène Cixous, Irigaray es una de las más importantes figuras del feminismo moderno. Mantenía que la ciencia estaba contaminada de masculinidad ya que eran hombres los que la realizaban. “[...]la ciencia hace siempre determinadas elecciones, determinadas exclusiones, debidas, sobretodo, al sexo de los estudiosos que se dedican a ella” Veamos como Irigaray justifica esta afirmación”



Por lo que respecta a Einstein, desde mi punto de vista, la cuestión más importante que plantea es la de que la única esperanza que nos deja es su Dios, dado su interés por las aceleraciones sin reequilibrios electromagnéticos. Lo cierto es que Einstein tocaba el violín y que la música le ayudó a preservar su equilibrio personal. Pero para nosotros, ¿qué representa esa relatividad general que gobierna más allá de las centrales nucleares y que pone en duda nuestra inercia corporal, necesaria condición de vida?”


La mecánica cuántica se interesa por la destrucción del mundo”


¡Ajá! Ahora entiendo el revuelo del LHC. Todos esos malditos físicos están conspirando para destruir el mundo mediante un agujero negro. Gracias, Irigaray.


El siguiente párrafo es mi favorito:


¿La ecuación E = mc² es una ecuación sexuada? Tal vez. Hagamos la hipótesis afirmativa en la medida en que privilegia la velocidad de la luz respecto de otras velocidades que son vitales para nosotros. Lo que me hace pensar en la posibilidad de la naturaleza sexuada de la ecuación no es, directamente, su utilización en los armamentos nucleares, sino por el hecho de haber privilegiado a lo que va más aprisa”


¿ E = mc² sexuada? ¡Por dios, es una ecuación! La relación entre la masa y la energía sería exactamente la misma aunque la hubiera descubierto una mujer. La luz se va a mover a la misma velocidad aunque la mida la misma señora Irigaray. Por cierto, ¿por qué Irigaray considera la velocidad como un atributo masculino? A mi me suena directamente a machismo.


Para cualquiera con dos dedos de frente queda claro con solo leer estos fragmentos que no son más que sandeces. Pero, ¿cómo podríamos demostrarlo? La respuesta de los que defienden algunas de las corrientes posmodernistas cuando se les acusa de no tener fuste alguno suele ser un “lo que pasa es que es demasiado denso para que tú lo entiendas” o un “necesitas ser un experto en estos autores para comprender su profundidad” o algo así. Siempre acompañando la frase de una media sonrisa y una mirada de superioridad, eso es esencial. Afortunadamente un científico diseñó un experimento perfecto para probar la tontería. El físico Alan Sokal consiguió encontrar la manera de demostrarle a un estúpido su propia estupidez.




Prueba empírica 2:


El genial fraude de Alan Sokal


En 1996 la prestigiosa revista de humanidades Social Text publicó un artículo revolucionario. Social Text pertenece a la corriente posmodernista de la ciencia social y, como tal, recibe críticas a menudo de la comunidad científica que la acusa de publicar pseudociencia. Pero en 1996 las cosas cambiaron. Un científico puro, un físico, se había pasado al otro lado escribiendo un artículo en el que defendía encarecidamente a Lacan, Derrida, Irigaray y compañía. Sokal afirmaba la validez del análisis textual de la realidad propuesto por el posmodernismo y se sumaba a las críticas de éste al academicismo racional y cientifista. El artículo de Sokal se llamaba “Transgredir las fronteras: hacia una herméutica transformadora de la gravedad cuántica” y fue publicado en un número especial de la revista en dedicado a rebatir los argumentos cientifistas.


El editor de Social Text debió quedarse sin habla cuando descubrió que, el mismo día en que salía el especial de Social Text, otro artículo de Sokal era publicado en la revista Lingua Franca. En ese otro artículo Sokal confesaba que el texto que había enviado a Social Text no era más que una broma, una parodia pensada para poner a prueba el rigor de la publicación. Sokal había seguido al pie de la letra las que el pensaba que eran las reglas del posmodernismo. Había escrito un montón de sinsentidos y barbaridades, negado la existencia de la realidad y puesto en duda la veracidad del número π. Por supuesto, lo había aderezado todo con un buen número de citas al azar de varias autoridades de los estudios sociales y con una bibliografía de igual tamaño que el artículo.


El artículo-fraude de Sokal no solo fue publicado sino que lo fue en número especial que pretendía defenderse de los ataques del “cientifismo”



Por supuesto no estoy afirmando aquí una continuidad de estas corrientes del pensamiento en las ciencias sociales en la actualidad. En los programas académicos de psicología o sociología, estas tendencias cada vez tienen menos cabida. Sin embargo, la parte visible: los “expertos” que aparecen en los medios o los libros que llenan la sección de psicología de las librerías generales siguen siendo, mayoritariamente, falsa ciencia social. Y en algunos casos, como en el de los Estudios de Género o los Institutos de la Mujer, el fraude posmodernista sigue siendo no ya la tendencia mayoritaria sino la única.


Y no hay que investigar demasiado para encontrar la pseudociencia en los Estudios de Género. Es admitida con orgullo.


[...]estoy negando todo concepto de ciencia vigente hasta el siglo XIX, que se creía "neutra", "racional", "científica". El concepto de científico ya incluye una concepción metafísica de la verdad, y la critica de la metafísica de la verdad , y la critica de la metafísica y del humanismo es un componente esencial de esta construcción teórica que estoy intentando discutir”

El Pos-estructuralismo en los estudios de género

Marko Monteiro, antropólogo



En “El primer diccionario de los Estudios de Género: La F de la A a la Z” colaboran Eva Giberti y Diana Maffia. Según la autora del diccionario, Susana Gamba, son “dos figuras claves del feminismo actual” Solo hace falta leerlas para encontrar una continuidad clara del posmodernismo:



No fue gratuita mi apelación al marxismo y al estructuralismo en el primer párrafo, ya que, conjuntamente con el psicoanálisis, se ocuparon de lo no dicho en el decir. También plantearon la construcción de un sujeto paradojal, escindido, que oponiéndose a las concepciones del positivismo, recupera el pensamiento mítico y su eficacia en la construcción de subjetividades.

Eva Giberti


Todavía no nos realizan tacto vaginal para entrar al encuentro de mujeres, pero es un retroceso muy grande verdaderamente, es acentuar en lo biológico. Para el feminismo es un retroceso ideológico muy grande.

Diana Maffia


Pero no hay que irse tan lejos. Es suficiente con echar un vistazo a las publicaciones de los Estudios de Género en España. Podéis echar un vistazo a la revista Feminismo/s, publicada por el Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de Alicante, aunque como ejemplo servirían los de cualquier instituto en cualquier universidad de España. Los artículos siguen por completo las máximas del posmodernismo que hemos estado viendo. No se aportan pruebas de nada, se analizan textualmente los problemas de igualdad como si fueran novelas, están repletos de citas y referencias de los gurús de la posmodernidad, el psicoanálisis es omnipresente y, por si todo esto fuera poco, de los diez números publicados, uno esta dedicado íntegramente a Hélène Cixous.


Entre los seminarios de este instituto podemos encontrar joyas como “Producción de Espacio y desigualdades de Género” En el se defiende la tesis de que los edificios y la forma en que en ellos se distribuye el espacio son sexistas pues están construidos por hombres y para hombres. A mi esto de edificios para hombres y para mujeres me suena a lo de “si es niña, rosa, y si es niño, azul” pero demos una oportunidad a los autores de defender su tesis. ¿Cómo llegan a esta conclusión? ¿Experimentos? ¿Encuestas rigurosas y de amplia muestra? No. Mediante el Mapa Gulliver. Los autores han hecho mapas a escala de varios edificios y los han puesto delante de varios estudiantes para que escribieran en él. Llaman a esta “técnica”, el Mapa Gulliver. Las frases (ej: “Notas Malas”, “En esta jaula paso todo el día”, “Chiringuito”) son analizadas de forma subjetiva por los autores para demostrar esta diferencia sexual de espacios. ¿La muestra sobre la que se realizó tan original, y vacío, experimento? Sesenta alumnos y sesenta alumnas, y no escogidos al azar. También se realizó en este estudio una encuesta con preguntas como “¿En los siguientes lugares te consideras principalmente mujer, estudiante, amiga\o o novia\o?” Curioso estudio de género donde te dan a elegir entre sentirte mujer o estudiante según estés en la biblioteca o en la cafetería...



Me parece indignante que en una universidad tengan cabida estudios que tienen el mismo fuste que la astrología. ¿Por qué insisten desde los Institutos de Género en pedir una consideración y un estatus académico cuando desprecian de forma consciente el método científico y la razón? ¿Por qué se subvencionan y se tienen en cuenta trabajos que tienen la misma relación con el mundo real que una novela de Stephen King? El análisis textual está muy bien para analizar una película o un libro pero no para hacer ciencia. ¿Qué sucedería si el resto de ciencias optaran por ese camino? Al analizar algo tan importante como la sociedad, las personas, se permite una total impunidad intelectual, un todo vale en el que no importa la veracidad de lo que dices. La ciencia social tiene la obligación moral de desterrar toda esta pseudociencia de sus filas, sobretodo teniendo en cuenta que son los científicos sociales los que presentan los estudios en los que se fundamentaran las políticas educativas, sociales o de igualdad de un país. Es algo demasiado importante para dejarlo en manos de vendedores de humo.


¿Y qué decir del feminismo de género? ¿Qué fue del feminismo ilustrado, del feminismo de la razón? Antes de mayo del 68 las feministas ponían como ejemplo a Marie Curie, ahora ponen a Irigaray. No soy quien para hablar en nombre de nadie, menos de las mujeres, pero pienso que el feminismo se merece algo mejor que un montón de institutos donde pululan los embaucadores y se publican textos sin sentido y sin valor académico alguno. El feminismo debería reconciliarse con la razón y divorciarse de la impostura.


Bibliografía

Ver artículo anterior

Además:

Anderson, Perry, Los orígenes de la posmodernidad, 2000

Gamba, Susana, El primer diccionario de los Estudios de Género: La F de la A a la Z, 2007

Irigaray, Luce, El espejo de la otra mujer, 1974

Lacan, Jacques, Lecturas de psicoanálisis: Freud, Lacan, 1992

Lacan, Jacques, Momentos cruciales de la experiencia analítica, 1987

Lyon, David, Posmodernidad, 1996


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miércoles 22 de octubre de 2008

Sexo, lengua, estudios de género y otras imposturas, 1

Éste es un artículo de opinión. Aunque hablo de un fraude no relato ninguna historia curiosa (o sí). Si ese tipo de artículos en general o mi opinión en particular no te interesan, lo cual sería normal, te recomiendo esperar al siguiente.







Primera Parte: el feminismo de género


La política de género es una razón importante de que la aplicación de la evolución, la genética y la neurociencia a la mente humana cuente con una dura resistencia entre la vida intelectual europea

Steve Pinker


Mayo del 68 dividió el movimiento feminista en dos ramas enfrentadas. Por un lado, el feminismo de la igualdad (estoy usando las definiciones de Christina Hoff Sommers), directo heredero del feminismo ilustrado y de las primeras sufragistas, insistía en que el movimiento se demostraba andando. Igual que el sufragio universal se consiguió a golpe de manifestaciones, huelgas y protestas; las feministas de la igualdad querían mejorar el estatus social y laboral de la mujer hasta equipararlo por completo al del hombre, y hacerlo con acciones. Y, aunque aún queda mucho camino por recorrer (sobretodo en el terreno de la discriminación laboral), sin duda consiguieron avances decisivos en la lucha por la igualdad. Lo lograron a base de exigir nuevas leyes que garantizaran a la mujer todos sus derechos, a base de acciones directas y efectivas. Cambiaron la realidad con hechos.

Pero, como ya he dicho, también surgió otro feminismo a finales de los sesenta. El feminismo de género. El feminismo de género nació bebiendo de una serie de corrientes ideológicas delirantes que proliferaron como setas en la Europa de los setenta, aunque rápidamente se extendió a Estados Unidos. Sus postulados tenían como idea central la celebre frase de Simone de Beauvoir: “La mujer no nace, sino que se hace” En efecto, este feminismo sostiene que la mujer no existe como tal sino que es un constructo social. Niegan la existencia de un género o identidad sexual innato y afirman que todos los bebes nacen neutros, siendo la sociedad quien inculca en sus cerebros las ideas de lo masculino y lo femenino. Las feministas han estado décadas, si no siglos, luchando por reivindicar su papel en la historia y ahora algunas de sus herederas afirman que la mujer no existe, que no es más que una invención cultural. Como las normas de etiqueta.


Suponiendo a la mujer como invención social, las feministas de género se centran en el cambio de aquellos referentes culturales que consideran machistas, como el lenguaje, esperando con ello propiciar un cambio en la realidad de las mujeres. Pretenden destruir el significado cambiando el significante, invirtiendo la relación causa efecto como por arte de magia. Al contrario que los del feminismo de la igualdad, los logros reales conseguidos por el feminismo de género se pueden contar con los dedos de una mano. O sin ellos, ya que estamos.


Desde hace unos años, en España por lo menos, el feminismo de género ha acaparado de tal modo la atención mediática y académica que ahora se autoproclama como el único y verdadero feminismo. Todas las universidades han creado áreas para los estudios de género, o estudios de la mujer como se los denomina a veces, publican una abundante cantidad de material sobre el tema y se realizan seminarios casi a diario (por lo menos en mi universidad), siendo su buque insignia la lucha contra el lenguaje sexista. La situación de dominio sobre otros tipos de feminismo, incluido aquel que otorgó el voto a la mujer, es tal, que poner en duda la validez de los estudios de género puede interpretarse como una manifestación de machismo. (Yo he sido llamado facha machista por hacerlo. Y soy feminista y de izquierdas...) Conozco a muchas mujeres que niegan ser feministas porque confunden la parte con el todo, piensan que el feminismo de género es el único existente y, obviamente, consideran absurdas sus propuestas. Desconocen la existencia de corrientes feministas racionales y, sobretodo, con sentido común.


En este artículo, dividido en tres partes, pretendo poner de manifiesto que tales estudios, los de género, carecen del más mínimo rigor, se fundamentan en escuelas de pensamiento absurdas y obsoletas, distan de tener la menor evidencia empírica para apoyar sus tesis y las soluciones que presentan son inútiles. Peor aun, ya que son un sumidero de fondos que podrían ir destinados a acciones y estudios con base real.

La primera parte, ésta, del artículo es un primer vistazo al feminismo de género y sus postulados. La segunda se centrará en la absurda base intelectual de los estudios de género así como en los trabajos, completamente delirantes, que publican actualmente. La tercera tocará el tema de la lucha contra el lenguaje sexista.



¿Qué estudios antropológicos, biológicos o psicológicos se presentan como prueba de la inexistencia de un género definido más allá del ámbito cultural? O para probar cualquier otra afirmación de los estudios de género. Ninguno. Absolutamente ningún estudio ni experimento que cumpla los requisitos mínimos del método. Pero esto no es raro en los estudios de género, el desprecio por el método científico es total y ninguna de sus tesis se sostiene sobre experimentos o estudios empíricos. Sus ideas se sustentan en la corriente de estudios sociales que nació con autores como Jacques Lacan, Julie Kristeva, Derrida, Luce Igaray, John Money, etc; en un circuito cerrado de citas y referencias aislado por completo de la biología, la neurociencia o cualquier otra rama del saber, salvo quizá la literatura.


Para comprobar la validez de este discurso social deberemos, en ausencia de cualquier otra evidencia, analizar a los autores originales. Pertenecen a una serie de corrientes que nacieron en la intelectualidad (sea lo que sea eso) europea, sobretodo francesa, posterior en su mayoría al mayo del 68, y que van desde el deconstruccionismo de Derrida al nuevo psicoanálisis de Lacan, pasando por postestructuralismos, existencialismos, etc. Aunque no es del todo correcto, desde este momento, para abreviar, usaré el termino posmodernismo para englobar todas estas corrientes.


Pero será en la segunda y tercera parte. Antes pienso, al contrario de los seguidores intelectuales de Lacan, ofrecer pruebas de todo lo que exponga en este artículo. He dicho que no existen evidencias que sustenten la idea de la mujer como objeto creado por la sociedad. ¿Pero existen pruebas para sostener la opinión contraria? ¿Evidencias de que el género es innato y existen diferencias psicológicas entre hombres y mujeres? Decenas. Los últimos estudios, realizados en su mayoría por mujeres, apuntan todos en el mismo sentido: el género es una característica física, natural, innata. Al final del artículo doy una lista de científicas que han llevado a cabo estudios sobre la diferencia de género, en la mayoría de los nombres he puesto un enlace a sus curriculums. No he puesto solo mujeres (la selección es de Pinker, 2002)porque piense que su trabajo es mejor al de los científicos hombres, sino para evitar que dichos estudios sean acusados de sesgados por algún tipo de conspiración falocrática. En biología o antropología la distinción entre géneros está asumida desde hace mucho tiempo; en los estudios sociales de género se ignora de forma sistemática simplemente porque es contraria a sus postulados filosóficos.


Prueba empírica 1:


John Money, científico loco

Es difícil concebir un experimento en el que probar de forma empírica la diferencia natural entre los géneros masculino y femenino. Habría que cambiar el sexo de un bebe nada más nacer y educarlo sin mencionarle este hecho. Nadie en su sano juicio haría una barbaridad semejante. Obviamente, el profesor John Money distaba mucho de estar en su sano juicio.


Money era un ferviente defensor de la naturaleza cultural del género. Según él los roles sexuales son imposiciones de la sociedad, los humanos no nacemos machos y hembras, sino neutros. Es la cultura adquirida en nuestro desarrollo la que nos impone la identidad sexual, de hecho Money fue el inventor de la palabra género (gender). Para probar sus afirmaciones, Money siempre sacaba a relucir su más brillante logro, su paciente más famoso, la joven Brenda.


A los ocho meses de edad, un niño fue víctima de una circuncisión chapucera y perdió gran parte de su pene. John Money fue el psicólogo que atendió a su familia y en seguida se dio cuenta de que aquel niño podría ser su espaldarazo académico definitivo. Podría usarlo para probar sus teorías. Aconsejó a los padres del niño que lo castraran, le implantaran una vagina artificial y lo criaran como una niña. Así nació Brenda.


Según Money, el caso de Brenda (el nombre es ficticio) ponía en evidencia la naturaleza artificial del rol sexual. Brenda creció como una niña sin problemas pese a que su cuerpo, sus genes y su mente eran masculinas. Jamás tuvo duda alguna de su identidad femenina y nunca llegó a imaginar su nacimiento como hombre. Brenda creía ser una mujer y era una mujer, la fisiología no tenía nada que decir. El New York Times publicaba: “ha ido avanzando con satisfacción en su infancia como una auténtica niña


Pero la fisiología sí tenía bastantes cosas que decir al respecto. En 1977 se destapó el fraude. Money había falsificado el historial de Brenda para que cuadrase con su teoría. Se descubrió que la infancia de Brenda fue una auténtica pesadilla. Brenda insistía en estar siempre con niños, orinaba de pie y cortaba con tijeras todos sus vestidos. Incluso se intentó suicidar varias veces. A los catorce años se sinceró con su padre a quien dijo que se sentía como un hombre y quería vivir como tal o no vivir. Su padre le contó toda la verdad. Poco después, Brenda se sometió de nuevo a una operación de cambio de sexo, esta vez para volver a convertirse en hombre.


Por supuesto, el afirmar que el género viene definido desde el nacimiento no implica hablar de un sexo superior al otro. Las características como la inteligencia, la capacidad de aprendizaje o la memoria son iguales en ambos géneros. Sea innata o aprendida lo que está claro es que la existencia de la identidad sexual no puede usarse para sustentar un discurso discriminatorio.


Por último, y mediante una desconcertante pirueta mental, surgió una rama del feminismo de género, el feminismo de la diferencia, que sostiene que sí existen diferencias entre hombres y mujeres más allá de las provocadas por la sociedad. Pero tampoco son diferencias genéticas o psicológicas. ¡Son diferencias espirituales! En el libro Women´s Way of Knowing, auténtica Biblia de los estudios de la mujer, se sostiene que “los hombres valoran la excelencia y el dominio de los asuntos intelectuales, y evalúan con escepticismo las argumentaciones en términos de lógica y evidencia; las mujeres son espirituales, relacionales, integradoras y crédulas” Tal como sucedía cuando se negaba las diferencias de género, cuando se afirman se hace de forma arbitraria y sin aportar prueba alguna que la sustente. Hay que creerla porque sí, porque si no no eres feminista. Y encima, las características masculinas son todas positivas mientras que la única claramente negativa (crédula) es femenina. Valientes amigas tienen las mujeres en el feminismo de género. ¿Quién necesita machistas?



En la parte siguiente trataré el apasionante tema de la sólida y creíble base intelectual de los estudios de género. Con algunas de las frases más fascinantes de la historia del pensamiento como “E=mc2 es una ecuación machista (sic)” y otras salidas de esas preclaras mentes. También trataré las no menos divertidas publicaciones que los departamentos de estudios de género de las universidades españolas financian. Con “los edificios machos y hembras”, “la maternidad como construcción cultural” y otras grandes aportaciones al conocimiento humano.


Blum, Deborah, Sex on the brain. The Biological Differences Between Men and Women, 1997

Harris, Marvin, Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, 1989

Johnson, Steven, La mente de par en par. Nuestro cerebro y la neurociencia en la vida cotidiana, 2004

Kimura, Doreen, Sex and Cognition, 2001

Pinker, Steven, Cómo funciona la mente, 1997

Pinker, Steven, La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana, 2002

Sokal, Alan y Brichmont, Jean, Imposturas intelectuales, 1998

Sommers, Christina Hoff, Who Stole Feminism, 1994

Sterling, Ann Fausto, Myths of Gender: Biological Differences about Men and Women, 1992





Apéndice: Mujeres científicas que han realizado estudios sobre la diferencia física entre géneros. Neurocientíficas: Raquel Gur, Melissa Hines, Doreen Kimura, Jerre Levy, Martha McClintock, Sally Shaywitz y Sandra Witelson. Psicólogas: Camilla Benbow, Linda Gottfredson, Diane Halpern, Judith Kleinfeld y Diane McGuinnes. Sociobiólogas: Laura Betzig, Elizabeth Cashdan, Leda Cosmides, Helena Cronin, Mildred Dickeman, Helen Fisher, Patricia Gowaty, Kristen Hawkes, Sarah Blaffer Hrdy, Magdalena Hurtado, Bobbie Low, Linda Mealey, Felicia Pratto, Marnie Rice, Catherine Salmon, Joan Silk, Meredith Small, Barbara Smuts, Nancy Wilmsen y Margo Wilson.

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