miércoles, 16 de enero de 2008

La última misión del Indianapolis



La noche del 29 de julio de 1945, el capitán Charles B. McVay III se mantenía a flote como podía en las aguas del mar de Filipinas. Bajo sus pies, su buque, el USS Indianapolis se hundía lentamente. Cerca de un millar de hombres habían sobrevivido a las explosiones causantes del hundimiento; el mar era cálido y tranquilo y disponían de chalecos para mantenerse a flote, agua y combustible pero apenas tenían balsas salvavidas debido a la rapidez con que el Indianapolis había sido tragado por las aguas.



El Indiapolis iba al encuentro del USS Idaho por lo que la mayor parte de los náufragos esperaba un pronto rescate. Lo que no sabían era que, debido al carácter secreto de la última misión del Indianapolis, el Idaho no tenía constancia de su posición. Tampoco había sido enviada ninguna señal de socorro ya que los torpedos japoneses causantes del hundimiento habían destrozado el sistema de radio de la nave.




Y el mar estaba infestado de tiburones.






El USS Indianapolis era un crucero clase Portland construido en Nueva Jersey en 1932. Tenía un curriculum bastante notable ya que era el barco que había llevado al presidente Roosevelt en su gira oficial por América del Sur en 1936. Después de eso, se le había encargado patrullar Pacífico. Cuando estalló la II Guerra Mundial fue destinado a la II Fuerza Especial y participó en numerosas operaciones, incluida la batalla del mar de Filipinas y los ataques contra las islas de Japón, ganando diez condecoraciones. Tras el ataque de un kamikaze en Okinawa tuvo que dirigirse a San Francisco para ser reparado. Desde allí, bajo el mando del capitán McVay, partió de nuevo con una misión muy especial.



Los marineros del Indianapolis se preguntaban por el contenido de las cajas que iban en la bodega, acompañadas por un misterioso y pesado cubo metálico. Por más que especularan pocos habrían adivinado lo que estaban transportando: el plutonio y las piezas que formarían las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.




Tras entregar su mortífera carga en Tinian, en las Marianas, McVay recibió orden de llevar el barco a Leyte, en las Filipinas, donde se encontraría con el Idaho. El alto mando sabía que en la zona había un submarino japones pero prefirieron no informar a McVay de ello, ni tomar ninguna clase de medidas. Aunque pueda sonar extraño, decisiones como ésta eran habituales debido a la curiosa paradoja a la que se enfrentaban los aliados cada vez que descifraban un mensaje enemigo. Gracias, principalmente, a la labor llevada a cabo por un grupo de matemáticos y expertos criptógrafos en Bletchley Park, los aliados habían roto la práctica totalidad de los códigos alemanes y japoneses. Podían descifrar cualquier mensaje que interceptaban; y, sin embargo, muchas veces la información obtenida no era usada por miedo a que el enemigo se percatara de que sus códigos habían sido rotos hace tiempo y los cambiara por otros. Se planearon ingeniosas operaciones tan solo para enmascarar la información obtenida de las transmisiones enemigas y poder usarla en beneficio propio. A veces, sin embargo, era mejor no arriesgarse y actuar como si no se poseyese información alguna. Y esa fue la decisión que se tomó respecto al Indianapolis, que fue enviado sin ningún tipo de escolta a navegar por las aguas del submarino japones. McVay incluso recibió la orden de no zigzaguear de noche, tan solo de día. La navegación zigzagueante se suponía efectiva contra los ataques de submarinos.




La noche del 29 de julio, el Indianapolis fue localizado por el submarino japones I-58, al mando del almirante Hashimoto. Los japoneses lanzaron seis torpedos contra el barco norteamericano. Dos de ellos acertaron de lleno. Con el sistema de comunicaciones destruido y una inclinación de tres grados, la nave se fue rápidamente a pique sin enviar señal de socorro alguna y 900 hombres quedaron flotando en el mar de Filipinas.


Muy poco tiempo después, la sangre de los heridos, atrajo a unos inesperados visitantes: tiburones tigre. Al principio solo nadaban alrededor de los náufragos pero esto duró poco. Los ataques no tardaron en comenzar. Uno a uno, los hombres eran literalmente comidos vivos por los escualos. Los marineros intentaban juntarse en grupos y chapotear para hacer frente a los animales pero servía de muy poco; cada día, decenas de ellos eran devorados entre gritos y chapoteos sin que sus compañeros pudieran hacer nada.



En tierra, nadie echo en falta al USS Indianapolis. El alto mando no se preocupo por el retraso y no fue organizada ninguna misión de búsqueda, ni siquiera cuando se interceptó una transmisión de Hashimoto informando a sus superiores de que había hundido el barco americano y que fue considerada falsa por los americanos. Los supervivientes llevaban cinco días sirviendo de comida a un enorme banco de tiburones tigre y nadie tenia ni idea ni de su situación ni de su posición. Vieron pasar aviones sobre ellos pero fueron incapaces de llamar su atención; el transporte C-14 llegó a ver las bengalas y trazadoras con las que los desesperados hombres intentaban hacerse ver pero su tripulación pensó que se trataba de un combate naval.




El rescate se debió a una extraordinaria coincidencia. Chuck Gwinn, pilotando su bombardero Lockheed Ventura en una búsqueda rutinaria de submarinos que cazar divisó una extraña mancha en el agua. Pensó que era aceite así que puso rápidamente rumbo hacia allí, pues las manchas de aceite significaban que había un submarino cerca. Cuando vio que eran hombres, avisó por radio a la base. El alto mando no podía creer lo que el piloto les estaba diciendo; tardaron más de dos horas en reaccionar y, aun cuando lo hicieron, fue mandando un sólo hidroavión de reconocimiento clase Catalina. El piloto, el teniente Marks, al llegar a la zona, comenzó a lanzar balsas salvavidas, chalecos y víveres a los náufragos. Llamó por radio a la base para confirmar la presencia de hombres en el agua y se le ordenó dar media vuelta pues todos los barcos de la zona iban a ser avisados para que se dirigieran a rescatar a los supervivientes del Indianapolis. Sin embargo cuando iba a emprender el regreso, el piloto divisó una gran mancha oscura en el agua bajo los hombres y dio una pasada rasante para ver que era aquello. Marks apenas daba crédito a lo que estaba contemplando. Al darse cuenta de que la mancha estaba formada por tiburones, decidió desobedecer las órdenes y amerizar para permitir a todos los que pudieran subir a bordo de su aparato. Cincuenta y seis hombres se encaramaron al fuselaje del hidroavión que a punto estuvo de hundirse, algunos se ataban bajo las alas con cuerda de paracaídas. Finalmente, llegó a la zona el USS Doyle y rescató a los supervivientes, incluyendo al teniente Marks que había pasado la última noche con ellos y cuyo avión estaba inservible.



De los 900 hombres que cayeron al agua, 316 fueron rescatados con vida. El resto fueron devorados por los tiburones que no dejaron de comerse vivos a los náufragos hasta que el último de ellos fue sacado del agua.




Uno de esos supervivientes era el capitán McVay. Se le sometió a juicio, por un tribunal militar, acusado de negligencia y de temeridad por no navegar en zigzag. Fue declarado culpable, pese a que el mismo almirante Hashimoto declaró en el juicio que hubiera hundido el barco con zigzagueo o sin él, ya que esta técnica evasiva no era efectiva. Nunca más se le concedió el mando de un barco y acabó suicidándose en 1968.




En la película de 1975 Tiburón, dirigida por Steven Spielberg, hay una escena en la que Quint, el veterano marinero interpretado por Robert Shaw, confiesa que es uno de los supervivientes del Indianapolis y narra lo ocurrido en memorable monólogo. Varios guionistas se disputan la autoría de este monólogo pero parece que el autor fue en realidad el mismo Robert Shaw quien, el día en que se iba a rodar la escena, llegó con un texto que había escrito la noche anterior. Era la historia del Indianapolis. A Spielberg le encantó y decidió incluirlo tal cual en la película.





El monólogo de Quint:






EPÍLOGO


La historia del Indianapolis no concluyó hasta mucho tiempo después. Y la película de Spielberg jugó un importante papel en ello.




En 1995 un niño de once años que vivía en Pensacola vio Tiburón y quedo impresionado. Le impactó sobre todo la escalofriante narración de Quint. Preguntó a su padre si todo aquello había sucedido realmente y cuando éste le contesto que sí, el niño, llamado Hunter Scott, se obsesionó con el tema. Consiguió localizar a uno de los supervivientes y, a través de él, obtuvo las direcciones de los 154 que quedaban. Envió cuestionarios a todos ellos para que le contasen lo sucedido. Todos ellos coincidían en lo injusta que fue la condena a McVay por unos errores que había cometido la Marina (no proporcionar escolta, no informar del peligro y no iniciar antes una operación de rescate), ni uno solo de ellos habló mal del trabajo de su capitán y todos estaban de acuerdo en que había sido un chivo expiatorio.




Hunter y los supervivientes consiguieron que se reabriera el caso y se formó un comité de investigación que implicó al Senado y al Congreso norteamericano. El capitán Charles B. McVay III fue rehabilitado cincuenta años después de lo sucedido en las aguas del mar de Filipinas.




FUENTES:


COFFEY, MICHAEL, Días de infamia, 1991


PAYÁN, JAVIER, Secretos y mentiras de Hollywood




21 comentarios:

alcorze dijo...

Realmente curioso e interesabte. Debió de ser horrible para todos lso naúfragos.

Vier dijo...

Genial artículo. Una historia escalofriante.

Charly dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Charly dijo...

Impresionante historia, me ha puesto los pelos de punta.

Enhorabuena.

MARBOT dijo...

Interesantísima historia, de rigor documental. Vengo de Batisfera. Un saludo.

Ramón dijo...

Pues muchas gracias a todos por los comentarios, asi como a Batisfera por enlazar el artículo.

Lo cierto es que la historia del Indianapolis tiene su miga. Sobretodo con esa guinda final, que parece escrita por un guionista, del niño interesandose por la historia y sacando a la luz la verdad medio siglo después, motivado por una película de terror (excelente pelicula de terror)

flickr - vdbdc dijo...

Una historia muy interesante.
El tiburon de la foto no es un tiburón tigre, es un tiburón blanco.
El tiburón blanco tiene los dientes triangulares, como se ve en la foto y en el cartel de la película.
Los dientes del tiburón tigre son tienen una forma diferente ( http://www.jornada.unam.mx/2003/01/27/Images/eco-e.jpg ), son triangulares pero parece que a uno de los lados le han quitado un trozo para hacer un gancho.

Saludos, vdbdc.

Anónimo dijo...

Excelente, me ha gustado

Ramón dijo...

flickr - vdbdc gracias por la aclaración. En cuanto saque un rato actualizare el artículo y cambiaré la foto.

Además, tengo que añadir un dato: existen varias fuentes que niegan que fueran tiburones tigre los que se dieron la comilona, parece más probable que fuera otra especie: tiburon oceánico de aletas blancas.

Marcos Andion dijo...

El caso del "Indianápolis", con toda su espeluznante peripecia de secretos no revelados, de información vital escondida tiene, aunque nadie lo haya confirmado, parangón con otros casos.
Me refiero a aquel episodio previo a la II Guerra del Golfo en el que la fragata "Andalucía" (o "Extremadura", no recuerdo bien) de la fuerza naval de interceptación bajo mando norteamericano, interceptó un buque con una carga no declarada de misiles, en las proximidades de la costa iraquí.
Todos recordarán que, tras la felicitación del mando nortemaricano de la flota a la tripulación española, fuentes del Pentágono (o de la Casa Blanca, o de la CIA, o de la madre que los hizo) salieron apresuradamente a decir que se había tratado de un error; que el barco interceptado procedía de Corea (supongo que del Sur) y transportaba unos misiles para la defensa del "gobierno amigo" de Yemen del Sur (¡!). Hasta aquí, la versión oficial que todos pudimos leer en los periódicos.
Ahora la versión conspirativa (mucho más verosíimil y que es la que enlaza con el caso del "Indianápolis"):
Por aquellas fechas, los inspectore de la ONU buscaba por el desierto iraquí, como La Chelito se buscaba la pulga, las armas de destrucción masiva que no podían encontrar.
A miles de kilómetros, los "defensores del mundo occidental" insistían en que, como las meigas en Galicia, "haber, hailas", y estaban seguros de que las encontrarían.
Es posible que ellos no lo supieran, pero los servicios de "inteligencia" (ya son ganas) habían dispuesto una operación secreta (tanto que ni el mando de la flota de interceptación del Golfo la conocía) para colar de matute en el vasto desierto de Iraq unos misiles, justo a tiempo de que los observadores de la ONU los encontraran.
La Fragata española había llevado a cabo una operación impecable, abordando el buque pirata y dando cuenta de su ilegal cargamento, no declarado. O sea, que el error no fue ese, sino el de disponer de unos profesionales de la marina eficaces, que cumplieron su misión puntualmente y mandaron "a tomar por candomblé" la astuta operación secreta de meterle misiles a aquel azonte de la humanidad llamado Sadam Hussein (o Satán Joselín, que decía un "chacho" amigo), para que todo el mundo viera lo malísimo que era.
Pero lo más cachondo de la historia, publicado como de refilón en algunos periódicos un par de años después y como quien no quiere la cosa, es que aquellos misiles que los yanquis dijeron que eran para Yemen del Sur (gobierno amigo) acabaron siendo vendidos (o regalados, no lo sé) a ¡¡¡Mohammar el Gaddafi!!! ( que ya había sido sustituido como Megamalo Universal).
NOTA DEL AUTOR: la versión conspirativa es mía. ¿Hay alguien a quien le parezca más verosímil la oficial?
Saludos, y refociles varios por la oportuna entrada del "Indianápolis", además de solicitud de disculpas y comprensión por tanto espacio como he ocupado.

Ramón dijo...

Muy buenas, Marcos. No te preocupes por la extensión, al contrario.

La verdad es que la historia del Indianapolis tiene pocos ingredientes de conspiración. Tan solo el hecho de que buscaran un chivo expiatorio para tapar sus errores. Por cierto, fue el único oficial de la Marina estadounidense condenado en un juicio militar durante toda la WWII.

La que tú comentas si tiene mas elementos conspiranoicos. Lo malo es que con la superpoblación de conspiraciones que tenemos últimamente uno no sabe si no creer directamente ninguna, aunque solo sea por estadística.

Yo tengo un método cutresalchichero de clasificación de conspiraciones:

a)Las probables. Aquellas en la que los datos conocidos hacen más probable una versión paralela que la versión oficial (p.ej Kennedy)

b)Las improbables. Al contrario que las anteriores serían aquellas que son mucho más rocambolescas y requieren mayores suposiciones que la versión oficial (p. ej: 11-S, 11-M)

c)Las imposibles. Aquellas que contienen elementos fantasticos, religiosos o pseudocientíficos. (p. ej. Roswell o las conspiraciones templarias o masónicas)

La que nos cuentas yo la incluiría en la primera categoria. Desde luego los detalles (el que una parte del ejercito contradiga a otra poco después, lo increible de su excusa) tienen ese aire chapucero de las conspiraciones americanas de los sesenta o setenta como Cochinos o Watergate. Lamentablemente, de estas dos últimas tenemos noticia debido a que salieron mal; la de las armas del Golfo a pesar de salir mal no fue destapada del todo así que me temo que nunca llegaremos a saber la verdad.

Anónimo dijo...

no dudo de tu grandeza para escribir un historia como tal pero la foto del tiburon es erronea has puesta la de un tiburón blanco y el subtitulo dice que es un tigre.

por lo demas buena historia.

Ramón dijo...

Ya he actualizado la fotografía del tigre. Espero que esta vez sea la correcta.

Gracias a los que me habeis hecho notar el error.

Natx dijo...

Aupa, primero felicidades por tu web Ramón, cojonudos posts. Para saber mas sobre lo de los misiles Yemenís que comenta marcos, se trataba de la fragata Navarra y el buque Patiño.
El buque interceptado, el So-San ocultaba 15 cuerpos completos de misiles Scud, 15 cabezas de combate convencionales con 250 kilos de explosivo, 23 tolvas (depósitos) de combustible de ácido nítrico y 85 bidones de productos químicos. Y aunque "La Administración Bush no concibe ninguna razón estratégica de peso para que Yemen disponga de misiles Scud" les dejaron marchar como si nada. Es por lo menos mosqueante sobre todo porque el So-San venía de... Corea del Norte!

LG dijo...

La teoría conspirnoica de los misiles Yemeníes no se sostiene, sobre todo por un detalle:

Los misiles encontrados por la marina española no eran Armas de destrucción masiva, ni nada parecido. Como esos ya había muchos en Irak.

Por cierto, Ramón:

¿Lo de "Un barco más grande" es una cita de la película Tiburón?, porque en la película hay una frase (genial, como toda la película) que creo recordar es: "Creo que vamos a necesitar UN BARCO MÁS GRANDE".

Ramón dijo...

Si, el nombre del blog viene de esa frase. :)

En USA esa frase (Necesitaremos un barco más grande) pasó a formar parte del lenguaje y se usa para aquellas situaciones que superan nuestras espectativas o dificultades para las que no nos habiamos preparado.

Entre que Tiburón es una de mis películas preferidas y que la mayoría de personas de las que hablo en el blog necesitaron un barco mas grande en algun momento me parecio un buen nombre para la página.

LG dijo...

Me lo imaginaba.

Ahora tu blog me gusta todavía más...

¡Enhorabuena y muchas gracias!

Anónimo dijo...

Hola,
me encanta tu blog. desde hoy quedas agregado.
Una cosita. Cuando te refieres a Iker Jimenez, la expresión es CUANDO menos, y no cuanto menos.

Anónimo dijo...

Acabe de ver la tragedia del barco Indeanapolis en discovery chanel y es muy triste puesto que usaron a este barco sin importar lo que sucediara despues y todo lo que encerro su existencia ...triste realmente triste

cristhian marin dijo...

bueno ayer vi el documental del Indianapolis, y bueno me parece interesante, demasiado diria yo.
es triste por tantas muertes, pero es una historia realmente fascinante
ademas revela que en el Indianapolis de transportaban algunos elementos utilizados en la bomba de hirochima.

Anónimo dijo...

Creo simplemente que esta historia es una verdadera tragedia. No creo que fueran tiburones tigre los que asesinaron a aquellas personas