jueves, 31 de enero de 2008

El viaje de Rozhdestvenski


Entre febrero de 1904 y septiembre de 1905 Rusia y Japón se enfrentaron por la supremacía en el Extremo Oriente.

El zar Nicolás II quería obtener una base naval que le permitiera acceso al Pacífico ya que Rusia solo contaba con la base del Báltico. La plaza que iba a permitir a Rusia su salida al este era Port Arthur, actual Lüshunkou.

Japón se había apoderado de Port Arthur -así como de Corea, Manchuria y Taiwan- a finales del siglo XIX en su guerra contra China. La presión de las potencias occidentales, entre ellas Rusia, obligó a Japón a devolver Manchuria y Port Arthur a los chinos tras la guerra. Los japoneses no se esperaban por tanto que cuatro años después los mismos rusos, incumpliendo sus promesas previas, se hicieron ellos mismos con el control de Port Arthur consiguiendo así su ansiada base en el este.


El emperador Mutsuhito no estaba dispuesto a consentir que Rusia se saliese con la suya tras aquella puñalada por la espalda. Inmediatamente, Japón firmó una alianza con Gran Bretaña, país al que tampoco convenía en absoluto la presencia Rusa en Oriente. Este pacto conllevó el plan llamado “Esperanza y determinación” mediante el cual se llevaría a cabo un rearme completo de la flota japonesa. El gobierno japones encargó a Inglaterra seis acorazados, seis cruceros, dieciséis destructores y seis torpederos; otros tantos buques fueron encargados a Francia, Alemania, EE UU e Italia. Todos ellos de última generación y con el armamento y blindaje más moderno. Además, el personal de la marina japonesa pasó de 15.000 a 40.000 hombres.

¿Qué tenía Rusia para enfrentarse a la flota más avanzada del mundo en aquel momento? Unos cuantos barcos completamente obsoletos y divididos además en dos flotas. La primera de ellas, con las mejores naves, defendía Port Arthur. El resto de naves, las mas viejas, se encontraban en el Báltico, al otro lado del mundo.

En cuanto comenzó la guerra entre las dos potencias, Japón demostró que no tendría ningún problema en imponer su control en el mar. El zar ordenó zarpar a la flota del Báltico para que se uniera a la de Port Arthur en su batalla contra Japón. La flota partió al mando del almirante Rozhdedestvenski y fue despedida con gran pompa por el propio Nicolás.

Rozhdedestvenski y sus hombres debían navegar 23.000 millas náuticas, bordeando África, atravesando aguas hostiles y sin puertos en los que abastecerse. Tenían que obtener el carbón en encuentros concertados con flotas de abastecimiento pertenecientes a compañías privadas. Era una maniobra suicida.

Al poco de partir Rozhdedestvenski, la flota de Port Arthur ya había sido neutralizada por los japoneses. Iba a tener que presentar batalla en solitario. La moral de la tropa ya estaba por los suelos y no ayudó nada el que sus mejores barcos, los destructores Suvoroff, fueran unas auténticas tartanas. Estaban tan mal diseñados que tendían a volcar en cuanto se los cargaba un poco de más, por ello se ordenó que fueran retirados hasta los banderines de los mástiles.

Así partió la flota de Rozhdedestvenski a enfrentarse a las naves mas modernas que habían navegado nunca por cualquier mar.

Desde el día de partida el ambiente en los buques rusos era de profunda paranoia. Los hombres creían que la flota japonesa saldría a su encuentro en cualquier momento y sabían que si eso sucedía no tendrían ninguna oportunidad. Los vigías veían al enemigo por todas partes y la travesía por el mar del Norte se convirtió en una auténtica pesadilla.

Cuando los barcos cruzaban el banco de Dogger, frente a la costa este de Gran Bretaña, divisaron por fin al enemigo. Los vigías detectaron cuatro torpederos japoneses que se dirigían hacia ellos. Se informó al alto mando de un “ataque en toda regla de buques japoneses” y se procedió a atacar al enemigo. Los rusos consiguieron hundir un barco y dañar a los otros pero ellos mismos sufrieron graves daños al colisionar varios barcos entre si. Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. La temible flota japonesa que habían estado atacando con toda su artillería era una flotilla de arrastreros británicos que estaban pescando tranquilamente cuando vieron, con bastante sorpresa, como una flota completa abría fuego sobre ellos. Probablemente con más sorpresa aun, también observaron como aquellos barcos fallaban la mayoría de disparos y comenzaban a chocar entre ellos. La “batalla” sería conocida como el Incidente de Dogger Bank y estaría a punto de costarle a Rusia ver como Inglaterra le declaraba una guerra abierta. Los periódicos mundiales hicieron mofa de lo sucedido y Rozhdedestvenski comenzó a ser protagonista de numerosos chistes.


Antes de partir Rozhdedestvenski había seleccionado a los mejores barcos de entre los destartalados efectivos del Báltico para formar su flota. En puerto se habían quedado aquellos que apenas se mantenían a flote, listos para convertirse en chatarra. El almirantazgo ruso, sin embargo, consideró que aquellos barcos debían ser equipados y enviados a reunirse con Rozhdedestvenski. Cuando éste se enteró de que aquellas bañeras venían tras él, aumentó la depresión que padecía desde Dogger Bank. Ordenó a sus barcos navegar a toda máquina y evitar el encuentro con la flotilla. Los periódicos no pudieron dejar pasar la historia de aquel almirante huyendo de sus propios barcos con una flota caótica y destartalada. Hubo nuevas mofas.

A su paso por el norte de África, uno de los barcos se enredó en un cable submarino y su capitán ordenó cortarlo. Resultó ser el cable que unía Tanger con Europa y las comunicaciones con África quedaron interrumpidas durante cuatro días. El pitorreo en la prensa era continuo.

Poco después, el buque taller de la flota participó en otra singular batalla naval. Disparó mas de 300 obuses a lo que su tripulación pensaba que eran tres torpederos japoneses. Por supuesto, en realidad eran un pesquero alemán, una goleta francesa y un mercante sueco.

Rozhdedestvenski se encontraba sumido en una profunda crisis nerviosa. Estaban quedando como una auténtica caravana de payasos delante de todo el mundo. Comenzó a sufrir ataques de neuralgia y cada vez salía menos de su camarote.

En un último intento de adecentar su flota y prepararla para el enfrentamiento organizó unas prácticas de artillería. Una serie de barcos remolcaban los blancos sobre los que los destructores abrieron fuego con todo su armamento. Solo se contabilizó un acierto... yel proyectil no acertó en un blanco sino en uno de los barcos remolcadores. Se ordenó luego a un grupo de destructores que adoptaran una determinada formación pero confundieron las señales ya que no les habían dado libros de códigos y los barcos salieron cada uno por su lado dispersando la flota. A los torpederos no les fue mucho mejor, así describe Richard Hough su actuación:

De los siete torpedos que abandonaron sus tubos, uno se atascó, dos viraron noventa grados en dirección al puerto, uno noventa hacia estribor, dos mantuvieron un rumbo estable pero no dieron en el blanco, y el último describió círculos y más círculos “sumergiéndose y emergiendo como una marsopa” y aterrorizando a toda la flota.

Finalmente, la flota rusa llegó a la zona de destino. Port Arthur estaba ya en manos japonesas por lo que recibieron orden de dirigirse hacia Vladivostok. Rozhdedestvenski podía elegir entre tres posibles rutas: atravesar el estrecho de Le Perouse, el de Tsugaru o el de Tsushima. Ya que no sabía donde se encontraba emboscada la flota japonesa, el almirante ruso eligió el camino más directo: el estrecho de Tsushima... Precisamente ese era el punto que el almirante japones Togo había supuesto que usaría y donde estaba toda la flota japonesa.

La flota rusa fue completamente destruida en esa batalla y Japón consiguió un control marítimo completo del Pacífico que no perdería hasta la batalla de Midway.



FUENTES

REGAN, GEOFFREY, Historia de la incompetencia militar, 1987



12 comentarios:

Chem dijo...

Muy graciosa, excelente, pero por favor la proxima vez acompannalo de mapas para no estar buscando los lugares en el Google Earth

Ramón dijo...

Me alegro de que te haya gustado la historia de la destartalada flota rusa.

Lo de los mapas lo tendré en cuenta para el próximo. Normalmente pongo enlaces a Google Earth sobre cada localización pero en este artículo creo que únicamente lo he hecho con el banco de Dogger.

Peibol dijo...

Felicidades por el post
Curiosamente hoy había leido la misma historia sobre el mismo tema en el libro "Es la guerra" de Jesús Hernández

Anónimo dijo...

Creo que he detectado un error de traducción. Cuando dice que el torpedo se dirigió hacia el puerto probablemente se refiere al costado de babor, "port" en inglés.

Ramón dijo...

No sabría decirte, anónimo. No dispongo del texto en su idioma original sino de la traducción de Rafael Grasa.

Podría ser que las maniobras se realizaran en la cercania de algún puerto pero lo que tú propones tiene mucho más sentido.

A ver si consigo el texto original.

Anónimo dijo...

Así no es de extrañar que estos cretinos hayan sido años mas tarde fácilmente derrocados por los bolcheviques...

Juam Jose dijo...

Ramon me ha parecido tu blog muy bueno, y sin animo de ofender, en la linea de Fogonazos (Aberron)...Ahora mismo me encuentro igual que cuando descubri Fogonazos, inmerso en la lectura y "flipando" con la capacidad que teneis de busqueda y redaccion...

Ramon sigue asi y por cierto ya estan mis amistades avisadas de la exintencia de este peazo de blog

Un saludo desde Madrid

Ramón dijo...

¿Cómo va a ofenderme la comparación con Fogonazos? Al contrario. :)

Aunque Fogonazos juega en otra liga, a este blog aun le falta mucho para estar al nivel de Fogonazos que me parece una de las mejores páginas de la web.

Pero me alegro mucho de que os gusten tanto los artículos. Muchas gracias a todos. ;)

Francisco dijo...

Hubo una tercera flota, la del mar Negro. Que se unió a la del Báltico tras pasar por el Mediterraneo.
Tuvieron también mala suerte durante todo el viaje. Por ejemplo; llegando al estrecho de Gibraltar les sorprendió una gran tormenta. No encontraron otro sitio para refugiarse que las islas Chafarinas. Cinco grandes buques con más de 9000 hombres atracaron en el puerto para refugiarse y reparar averías. Fueron expulsados por unos 500 Regulares en medio del mal tiempo.

Anónimo dijo...

No fue mucho menor el ridículo de la Armada española cuando fue a Cuba contra los yankis. Valdría la pena poner esa historia.

Anónimo dijo...

Saludos

Se hizo una pelicula, no la conocida "batalla del mar del japon", sino otra titulada creo "batalla de port arthur", mas centrada en la batalla en tierra.

¿teneis informacion sobre ella?

reulli@yahoo.es

David dijo...

Disfruto de saber sobre historia y por eso me interesa tener la chance de conocer cuestiones que han ocurrido en diversos sitios de todo el mundo. En general trato de encontrar con Avantrip la forma mas barata para llegar a mis destinos