lunes, 10 de diciembre de 2007

Los visitantes de Cottingley Glen

Dos niñas y un artículo navideño


En las navidades de 1920 apareció en la revista británica The Strand un curioso artículo. Trataba sobre las fotografías que dos niñas, Frances y Elsie, habían realizado, tres años antes, en una zona cercana a Bradford, Yorkshire, conocida como Cottingley Glen.


Frances Griffiths tenía diez años en 1917. Acababa de llegar a Yorkshire desde Sudáfrica para vivir con sus tíos y se había traído con ella un extraño acento que la convertía en el blanco de las burlas del resto de niños. Elsie Wright, prima de Frances, tenía diecisiete años y, tal como la describía su madre, poseía una extraordinaria imaginación, además de un especial talento para el dibujo, la pintura y la fotografía. Elsie había trabajado en un estudio fotográfico retocando retratos familiares para incluir a hijos muertos en la Primera Guerra Mundial, aunque en ese momento trabajaba ilustrando tarjetas de felicitación en una fábrica. Frances se refugió bajo las faldas de su prima mayor convirtiéndose en su sombra y acompañándola en todos sus juegos y travesuras. Tenían una fantasía recurrente, las hadas; en múltiples ocasiones habían relatado a sus padres los juegos y aventuras que corrían con las hadas del bosque.

Un día, las primas engatusaron al padre de Elsie, el señor Wright, para que les prestara su cámara, ya que querían fotografiar a una de sus amigas. El señor Wright les prestó su Midg y una placa de cristal Imperial Rapid. Las niñas volvieron a casa con una extraña instantanea, la Fotografía nº1 y en una excursión posterior sería hecha la Fotografía nº2.


Esto era básicamente lo que relataba el artículo de The Strand, omitiendo cualquier mención a la experiencia en fotografía de Elsie. Se dejaba muy claro que ni las primas ni su familia habían recibido dinero a cambio de las fotografías y que Frances y Elsie eran dos inocentes niñas criadas en una familia decente y respetable incapaces de llevar a cabo fraude alguno, tanto por ausencia de maldad como por desconocimientos técnicos. El motivo de tanta precaución se debía al contenido de las fotografías, en las que se podía ver a las dos primas jugando con hadas y gnomos.


Lo más llamativo era que el artículo venía firmado por alguien con una credibilidad intachable, el escritor Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, personaje al que había hecho famoso precisamente a través de las páginas de The Strand. Pocas personas eran más respetables que Doyle en la Inglaterra de 1920 y su sinceridad y rigor estaban más allá de toda duda. El escritor presentaba los sucesos relatados como reales y mantenía la autenticidad de las fotografías. Tituló el artículo Hadas fotografiadas, un acontecimiento histórico.




Doyle y los duendes


A pesar de su apariencia de hombre perspicaz, Doyle era sumamente crédulo en cuestiones paranormales. Había abrazado el espiritismo, que hacia furor en la época llegando casi a ser una especie de religión. Su hijo se lamentaba, años después, a causa de las 250.000 libras esterlinas que su padre invirtió en esta afición.


Doyle recibió la noticia de que unas niñas hacían fotos a las hadas a través de un amigo y no se le ocurrió elegir a nadie más para investigar el caso que a Edward L. Gardner, creyente en la teosofía, otra pseudoreligión de moda en la época que aceptaba la existencia de los seres mitológicos. Gardner visitó a los Wright y volvió del lugar con las fotografías realizadas por las niñas, asegurando que toda la familia era honesta mas allá de toda duda. Cuando Doyle vio las imágenes captadas por Frances y Elsie se mostró entusiasmado.

La investigación de las imágenes consistió en consultar a “expertos fotógrafos de primera línea” que aseguraban que las fotografías eran auténticas. No existía doble exposición ni se apreciaban trucajes de ningún tipo, pero lo más importante era la absoluta respetabilidad de las dos primas. Doyle consultó a técnicos de la empresa Kodak que manifestaron que el negativo no estaba manipulado ni las fotografías retocadas. Como prueba de fuego, Sir Arthur, a través de Gardner, pregunta a las niñas si serían capaces de realizar nuevas fotografías. Parecía difícil pues ya habían transcurrido tres años en los que no habían tomado ninguna imagen. Sin embargo, mientras Doyle se encontraba de viaje en Australia, recibió un telegrama de Gardner; las niñas habían realizado tres nuevas fotografías que fueron también verificadas por “multitud de expertos”, quienes certificaron su autenticidad.


Las hadas de Cottingley Glen se convirtieron en un auténtico fenómeno de masas. Hay que entender que Inglaterra aun se estaba lamiendo las heridas sufridas en la Primera Guerra Mundial y los embaucadores de lo paranormal medraban por todo el país. Personas que, como el propio Doyle, habían perdido a su hijo en la contienda acudían a médiums y espiritistas en busca de consuelo. Lo extraño era una moda y un negocio que triunfaba sobre todo entre las clases altas. Fiestas y reuniones se mezclaban con sesiones de Ouija o rituales místicos. Por si el ambiente propicio no fuera suficiente, el artículo venía firmado por el mismísimo Sir Arthur Conan Doyle a quien el investigador Eric J. Dingwall describía así: “Doyle no se equivocaba nunca y nadie se atrevía a sugerir que pudiera equivocarse en algo”



Hadas de papel


¿Qué fue lo que realmente sucedió en aquel misterioso lugar donde las hadas acudían a jugar con las niñas inglesas? Lo que ocurrió fue simplemente una desafortunada mezcla de un ambiente crédulo y un personaje de enorme carisma, además de multitud de expertos, que apoyaba el misterio. No parece que las niñas quisieran más que gastar una broma y el auténtico culpable del engaño es, sin duda, Doyle. Frances y Elsie, tras la publicación del artículo, nunca quisieron aparecer públicamente y solo concedieron una entrevista en la que se mostraron esquivas y no ofrecieron detalles de sus encuentros. Era como si pensaran que su juego estaba dejando de ser gracioso y cada vez se desvinculaban más del asunto. Sir Arthur, en cambio, escribió poco después un libro sobre hadas titulado The Coming of the Fairies.



El montaje no fue en absoluto complicado y el hecho de que engañara a tanta gente solo se explica si esa misma gente deseaba ser engañada. Elsie había dibujado las hadas y el duende sobre cartón copiándolos de un libro ilustrado de 1915 llamado Princess Mary´s Gift Book. Las hadas ilustraban, en concreto, un poema de Alfred Noyes, A Spell for a Fairy, en el que se detallaba como invocar un hada. Elsie recortó sus dibujos, los sostuvo con hilos y tomó las fotografías. Eso es todo, excepto en el caso de la Fotografía nº5 que probablemente se deba a una doble exposición accidental. Las figuras míticas que aparecen en las fotos carecen de profundidad, son planas y, a pesar de estar saltando y bailando, no presentan desenfoque por movimiento como la cascada de la Fotografía nº1. Incluso en varias de ellas se pueden apreciar los hilos que sostenían los cartones. No hay prácticamente ningún intento por ocultar el hecho de que las hadas eran figuras de cartón, Frances y Elsie no hicieron un complicado montaje esperando engañar a toda Inglaterra; se limitaron fotografiar unas figuritas de cartón sujetas con hilos. La gente hizo el resto.



Doyle no fue riguroso en sus estudios y cometió errores de principiante. No estuvo, en absoluto, a la altura de su personaje. En primer lugar cometió el error de presuponer que si alguien no buscaba ni dinero ni fama sería absurdo que cometiese un engaño, olvidando las "tontadas" que llega a hacer la gente solo por diversión. Dijo que Elsie y Frances eran incapaces de llevar a cabo un montaje tan sofisticado, cuando ni el montaje era sofisticado ni se necesitaba ningún conocimiento especial para llevarlo a cabo; conocimientos que Elsie sí que poseía y podría haber usado de haber sido necesarios, pero Doyle no mencionó esto. Se escudó en las personalidades que avalaban el fenómeno aun cuando estas personas se pronunciaban muchas veces bajo el condicionamiento del propio Doyle que, simplemente presentando su apoyo al tema, lo dotaba de credibilidad. Cuando alguno de los expertos se pronunciaba en contra, su opinión no era tenida en cuenta; éste fue el caso de los técnicos de Kodak que también dijeron a Sir Arthur que, aunque no había sido manipulado el negativo, si que era muy sencillo crear esas fotografías sin hacerlo. Doyle ignoró esto.


El famoso escritor mostró la mayor credulidad posible. Dejó que sus creencias formaran su juicio y fue incapaz de oler el engaño que tenía ante sus ojos. Arrastró con él a otros hombres eminentes que fueron aumentando la credibilidad total del asunto, hasta que la existencia de las hadas y la autenticidad de las fotos de Cottingley Glen fueron algo indiscutible para un gran número de ingleses. Puede que nos parezca absurdo hoy en día pero creencias igual de fantásticas son seguidas por un número cada vez mayor de personas que hacen crecer la industria del misterio. Programas de máxima audiencia presentan como serios y respetables sucesos menos creíbles que las hadas de Yorkshire y libros con teorías sin pies ni cabeza sobre órdenes secretas de templarios, sábanas santas, cálices, conspiraciones, códigos milenarios y demás se encuentran entre los más vendidos. Puede que Frances y Elsie, ayudadas por el photoshop, hubieran tenido igual éxito hoy en día.




EPÍLOGO

Se han realizado dos películas, ambas de 1997, sobre el tema: Fairy Tale: A True Story y Photographing Fairies.

En 1971, Elsie fue entrevistada por la BBC. Dijo que "jamás juraría sobre la Biblia que las hadas estaban realmente allí”


Posteriormente, por carta, manifestaba:

Admito que no puedo creer en las hadas. En cuanto a las fotografías, digamos que son fragmentos de nuestras imaginaciones, de la mía y de la de Frances.



FUENTE

RANDI, JAMES, Fraudes paranormales, 1994, pp. 13-45

4 comentarios:

Gabriela dijo...

Genial este blog. Te invito a ver el mio, donde podrás leer un artículo acerca de las hadas de Cristalvalley: se dejan fotografiar más facilmente que las de Cottingley. Un cordial saludo,

Gabriela
The once upon a time fairy

Anónimo dijo...

Muchas felicidades por los articulos... muy completos! :)

son adictivos! Felicidades! ^_^

Anónimo dijo...

Acabo de descubrir este blog y me he suscrito a sus contenidos, ya que me resulta sumamente interesante. Sólo una matización sin ánimo de molestar: hay una pequeña falta de ortografía ya que se escribiría "avalaban", no "abalaban".
Un saludo.

Ramón dijo...

Muchas gracias anónimo. Ya lo he corregido.

Tengo que empezar a dedicar un poco de tiempo a releer los artículos.