viernes, 28 de marzo de 2008

Sin signos de vida


AVISO: Esta entrada alberga contenido que puede resultar desagradable a algunos lectores. Avisados quedáis.

Durante siglos, asegurarse de que alguien estaba realmente muerto ha sido un auténtico problema para los médicos. El estetoscopio no fue inventado hasta el siglo XIX y a los primeros modelos sería más correcto llamarlos trompetillas que estetoscopios. Si los latidos del corazón eran débiles debido a alguna enfermedad, el médico no tenía modo alguno de saber si el paciente estaba muerto salvo esperar al único síntoma que no engañaba: la descomposición. Por este motivo se crearon las morgues de espera, para tener un lugar donde poder guardar el presunto cadáver un tiempo prudencial.


Algunos médicos decidieron solucionar el problema ideando métodos de reanimación que pudieran demostrar que el muerto estaba muerto de verdad. Mary Roach, en Fiambres, La fascinante vida de los cadáveres, hace una descripción de los sistemas más curiosos inventados para esta labor. A pesar de haber buscado bastante no he encontrado apenas más información así que os copio un par de párrafos donde Roach habla de este tema ya que no puedo aportar nada más. Después de leerlo, yo no he conseguido decidir aún si estas técnicas eran para comprobar si el paciente estaba muerto o para asegurarse de que lo estaba. Espero que os guste.

Al parecer, las técnicas se dividían en dos categorías: las que trataban de despertar al paciente de su pérdida de conciencia causándole terribles dolores y las que implicaban cierto grado de humillación. Se les cortaban las plantas de los pies con cuchillas de afeitar y se les clavaban alfileres bajo las uñas. Se les maltrataba el oído con fanfarrias de cornetas, “chillidos espantosos y ruidos excesivos”. Un clérigo francés recomendaba meterles un hierro al rojo por lo que Bondeson denomina “la puerta de atrás”. Un médico francés inventó un juego de tenazas para pezones adaptado a este menester. Otro ideó un artilugio semejante a una gaita para administrarles enemas de tabaco, con el que realizó entusiastas demostraciones en las morgues de París. Jacob Winslow, un anatomista del siglo XVII, alentaba a sus colegas a verter cera española hirviendo en la frente del paciente y llenarle la boca de orina tibia. Un folleto sueco sobre el tema proponía introducir un insecto no volador en la oreja del paciente. Sin embargo, por su simplicidad y originalidad, ninguna de estas técnicas puede compararse a la de meter “un lápiz bien afilado” por la nariz del presunto cadáver.


En ocasiones no quedaba muy claro quien era el más humillado si el paciente o el doctor. El médico francés Jean Baptiste Vincent Laborde llenó páginas y páginas con su descripción de una nueva técnica de reanimación que consistía en estirar acompasadamente de la lengua del paciente durante un mínimo de tres horas. (Más tarde inventaría una máquina estira-lenguas que, dotada de un manubrio, hacia la tarea un poco más agradable, aunque no menos tediosa.) Otro galeno francés exhortaba a sus colegas a meterse un dedo del paciente por el oído y tratar de escuchar el zumbido producido por el movimiento reflejo de los músculos.


FUENTE

ROACH, MARY, Fiambres, La fascinante vida de los cadáveres, trad. Alex Gilbert



12 comentarios:

Peibol dijo...

Un poco desagradable... menos mal que sólo llevo un café encima...

Felicidades por el resto de tus posts :P

Ramón dijo...

XD
peibol tienes razón, ahora que lo pienso debería haber añadido algún aviso sobre el contenido de esta entrada. Yo me quedé con la anécdota de los métodos (que me parece muy buena y muy bien escrita por Reach) y no se me ocurrió pensar que podría resultar desagradable a algunas personas.

Siento haberte cortado el café mañanero ;P

Ludwig dijo...

Acabo de llegar y he encontrado espeluznante tu artículo.
Menos mal que todos tus demás escritos enganchan de verdad.
A destacar el de Carlos Castaneda.
Mi enhorabuena por tu blog.
Me acabo de suscribir.
Un saludo.

Luis

Jelens dijo...

Me ha resultado interesante y fascinante.
No me ha resultado repugnante ni asqueroso, es historia y hay que tomarlo por ese lado.

Diego González dijo...

Qué bueno. La maquina estiralenguas, ¡puaj! :D

Isas dijo...

Muy buenas
Lo del pellizcar un pezón así como introducir afilados objetos bajo las uñas se siguen utilizando, no para los muertos, clarostá sino para ir conociendo el nivel de consciencia delpaciente después de la anestesia general.
Muy entretenido tu blog.
Espero repetir

Ludwig dijo...

Hola Ramón.
Pásate por mi blog, cuando tengas un rato.
Hay algo para ti.
Un saludo.

Luis

celebrador dijo...

Supongo que será leyenda urbana, pero tenía entendido que más de uno fué enterrado vivo en algún momento por no tomar ningún tipo de precaución

Y esa no es una perpectiva demasiado feliz ¿te imaginas?

Marian dijo...

Pero que burros pueden llegar a ser los hombres, si el finado no estaba finado realmente, ahí lo acababan de matar y que sistemas de tortura ¡¡por Dios!!

Un saludo.

Pitufo dijo...

Es todo un deleite darse una vuelta por tu blog, se agradece el esfuerzo que le pones. Felicidades y sigue así.

Anónimo dijo...

Enhorabuena por tu blog.He aquí una técnica que en una ocasión creí haber escuchado en la tv.En andorra para saber si alguien había muerto le "¡¡preguntaban!!" al difunto/supuesto difunto,"está fulanito de tal, usted muerto.Y si el finado no contestaba es que efectivamente estaba muerto.

Anónimo dijo...

Como a los papas, que se les da con un martillito en la frente y se les llama por su nombre.